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Bélgica llega lista para enfrentar a Senegal en octavos

En Seattle, bajo un cielo que ya respira eliminatorias, Bélgica por fin pudo pronunciar una palabra que no había usado en todo el torneo: “todos”.

Rudi Garcia confirmó que, antes del duelo de octavos de final contra Senegal, tiene a la plantilla al completo. Nada de medias tintas físicas, nada de planes condicionados por el parte médico.

“Somos afortunados de tener a todos disponibles, y eso es una buena noticia porque no fue así en los tres primeros partidos”, explicó el técnico en la previa. “Ya nadie está al 80 por ciento. Eso se acabó”.

De los tropiezos al golpe de autoridad

El camino hasta aquí no ha sido limpio. Bélgica arrancó el Mundial con dos empates que dejaron dudas y ruido: tablas frente a Egipto y frente a Irán en el Grupo G. El equipo no sufría, pero tampoco imponía jerarquía.

La respuesta llegó de golpe. Un 5-1 demoledor ante Nueva Zelanda les dio el liderato del grupo y, sobre todo, aire. Goles, confianza, sensación de equipo grande que despierta justo cuando el torneo se vuelve cruel.

Romelu Lukaku simboliza esa mezcla de preocupación y alivio. Apenas jugó una hora en toda la temporada con Napoli por una persistente lesión en los isquiotibiales, pero en el Mundial ha asumido otro rol: agitador desde el banquillo, impacto inmediato, referencia incluso sin llegar todavía a su mejor versión.

Garcia lo sabe y mide cada palabra, pero deja claro el cambio de paisaje: “Jeremy, Romelu están mejorando. Charles, creo que su problema también está superado”. El mensaje es directo: ya no hay excusas físicas.

Doku, De Ketelaere y el giro de la enfermería

Jeremy Doku se perdió el segundo partido para estar en Londres en el nacimiento de su hijo. Una ausencia justificada, pero que restó desborde a una Bélgica ya tocada por los problemas musculares.

Charles De Ketelaere, por su parte, ni siquiera estuvo en el 0-0 ante Irán por una molestia en la rodilla. Ahora, el delantero de Atalanta llega liberado, con la sensación de que el torneo empieza de verdad para él.

Bélgica había marcado un objetivo claro: acabar primera de grupo. Lo logró, aunque el camino no fue tan sólido como imaginaba su seleccionador. “Queríamos terminar primeros y eso es lo que hicimos”, recordó Garcia. “Ojalá hubiéramos ganado más partidos, todos, pero no vamos a mirar atrás. Lo que importa es que hemos pasado la fase de grupos”.

La frase marca un corte. Se acabó el margen de error.

Senegal, un examen sin red

Ahora espera Senegal. Un rival físico, agresivo, incómodo, perfecto para medir si esta Bélgica está preparada para sobrevivir a un Mundial que ya ha empezado a castigar a los distraídos.

Dentro del vestuario nadie se fía. De Ketelaere puso un ejemplo muy concreto: la inesperada victoria de Paraguay ante Alemania el lunes. Un resultado que recorrió el torneo como una advertencia.

“No creo que importe quién es el favorito”, subrayó el atacante. “Importa que tengamos confianza en nosotros y que estemos concentrados mañana para ganar este partido, porque lo de ayer nos mostró que ser favorito o no, no significa nada”.

El mensaje se repite en cada declaración: alerta máxima. “Tenemos que estar atentos y afilados para ganar”, insistió De Ketelaere.

Bélgica llega viva, líder de grupo, con sus estrellas recuperadas y un cruce que no admite titubeos. Ya no se trata de quién juega mejor en la pizarra, sino de quién soporta mejor la presión de un Mundial que, a partir de ahora, no perdona a nadie.