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Bukayo Saka y su lucha física en el Mundial

Hace apenas unas semanas, Bukayo Saka estaba en el centro de las celebraciones desatadas en el norte de Londres. La corona de la máxima categoría inglesa regresaba a ese rincón de la capital por primera vez en 22 años y el extremo del Arsenal era uno de los rostros del renacimiento. También estuvo en la final de la Champions League ante Paris Saint-Germain, un duelo que acabó en la crueldad de los penaltis y dejó al atacante con la amarga cicatriz de la derrota.

Ese es el nivel al que se ha acostumbrado Saka. Cuando está sano, Mikel Arteta lo convierte en pieza indiscutible de su proyecto. Pero ahí está el problema: el cuerpo empieza a pasar factura. Las molestias físicas se han convertido en una banda sonora incómoda de su carrera reciente. Ahora, en pleno gran torneo con Inglaterra, arrastra una vieja pesadilla: un problema crónico en el tendón de Aquiles que se resiste a desaparecer.

Un talento clave… atrapado por el físico

En el debut de la selección inglesa en el Mundial, frente a Croacia, Saka se quedó en el banquillo. En su lugar, otro hombre del Arsenal, Noni Madueke, ocupó el costado derecho del ataque. Un mensaje claro: el talento no se discute, pero el físico manda. En los entrenamientos previos al choque de este martes ante Ghana, Saka todavía no ha podido completar un trabajo pleno con el grupo.

John Barnes, ex extremo de Inglaterra, lo ve con la frialdad de quien ha vivido la élite. En declaraciones a GOAL, en el marco de una acción con viagogo y su campaña “World Cuts”, fue directo al núcleo del asunto: la condición física.

Según Barnes, el rendimiento de Saka con Arsenal ha sido excelente, pero la batalla está en el estado en que llega a los partidos. Madueke está en plenitud, y eso le abre la puerta en el once. Barnes subraya que solo Thomas Tuchel conoce realmente el grado de preparación de Saka, cuántos minutos puede soportar, cuánto puede influir en los partidos. La calidad está fuera de debate; la incógnita es cuánto puede ofrecer su cuerpo.

Los goles, en segundo plano

Las lesiones recortaron la temporada pasada de Saka hasta dejarla en 11 goles, apenas siete en Premier League. Números discretos para un jugador de su jerarquía. ¿Debe ser una preocupación para un atacante de 24 años?

Barnes no lo ve así. Para él, la obsesión por las cifras individuales distorsiona la lectura del juego. Si Arsenal gana la liga y Saka no marca, sostiene, el objetivo se habrá cumplido igual. Lo mismo con Inglaterra: si el equipo levanta el Mundial y él no ve puerta, la misión estará igualmente completada.

El razonamiento va más allá. Si Saka y Marcus Rashford disparan sus registros goleadores, alguien pagará el precio: Harry Kane. Y ahí entra la mirada de Tuchel, a ojos de Barnes: menos foco en las estadísticas personales, más en el engranaje colectivo. Que el sistema genere ocasiones para Jude Bellingham, para Kane, para el resto. Que los extremos trabajen, creen, arrastren marcas. El gol, entonces, se convierte en un producto del equipo, no en un juicio individual.

En ese contexto, la falta de pegada de Saka pasa a un segundo plano. Lo que de verdad cuenta es su capacidad para sostener el plan, para abrir defensas, para alimentar a los rematadores. Siempre que el físico le permita estar ahí.

Tuchel pisa el freno con su joya

Thomas Tuchel lo tiene claro: nada de riesgos innecesarios. Inglaterra sueña con una estancia larga en Norteamérica y no puede permitirse quemar a una de sus piezas más valiosas en la fase de grupos. Ante Croacia, el técnico alemán lo lanzó desde el banquillo y Saka respondió: participó de forma protagonista en la jugada del gol de Marcus Rashford que selló el 4-2.

Tras el encuentro, Tuchel ofreció una frase que sonó tanto a prudencia como a promesa: Saka está listo, y lo estará aún más. Su previsión es que, para el último partido de este grupo, alcance un punto óptimo.

Ahí aparece otro interrogante inmediato: ¿llegará a tope al duelo frente a Panamá, el último compromiso de la fase, el sábado? De momento, las señales son mixtas. Durante el fin de semana, mientras el resto del grupo se ejercitaba sobre el césped afinando detalles para el choque ante Ghana, Saka fue el único que se quedó al margen del entrenamiento colectivo. Trabajo individual, bajo techo. Un plan específico para mimar ese talón de Aquiles que condiciona todo.

El talento de Saka no se discute. Su peso en el Arsenal campeón, tampoco. La cuestión, para Inglaterra, es distinta y mucho más simple: ¿cuánto tiempo podrá seguir ignorando Tuchel a uno de sus futbolistas más determinantes… antes de que el torneo le obligue a ponerlo en el centro del escenario?