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Cristiano Ronaldo le entrega su camiseta mundialista a su hermana Kátia

La última camiseta mundialista de Cristiano Ronaldo ya tiene dueña. Y no es una aficionada cualquiera, sino su hermana mayor, Kátia Aveiro, protagonista inesperada de una de las imágenes más emotivas de la noche en Toronto.

Tras el triunfo de Portugal por 2-1 ante Croacia en el Toronto Stadium, en el que Cristiano marcó de penalti su primer gol en una fase eliminatoria de un Mundial, el capitán se acercó a la grada. El estadio aún rugía, los portugueses celebraban el pase a octavos, y el 7, rodeado de cámaras, se quitó la camiseta. No la lanzó al aire. No la sorteó entre manos anónimas. Caminó directo hacia Kátia.

Las imágenes difundidas por TSN muestran el momento con claridad: Cristiano localiza a su hermana, le entrega la camiseta y, por un instante, el ruido del estadio parece desaparecer. Para ellos, es una escena de familia en medio del mayor escaparate del fútbol mundial.

Kátia Aveiro no se limita a recibir el regalo. Lo celebra como si fuera un gol más. Abraza la camiseta, la levanta, baila, grita. La tela blanca y roja se convierte en trofeo íntimo, en recuerdo físico de lo que su hermano ha anunciado como su última participación en una Copa del Mundo FIFA.

En el césped, el partido ya había dejado su propia marca en la historia personal de Cristiano. Ese penalti convertido, en una noche cargada de simbolismo, rompe por fin la barrera de los goles en eliminatorias mundialistas. Tarde para un jugador que ha vivido casi todo en el fútbol, pero a tiempo para seguir empujando a Portugal en este torneo.

El triunfo ante Croacia coloca a la selección lusa en los octavos de final, donde se medirá a España en Dallas el 6 de julio. Un clásico ibérico trasladado a suelo estadounidense, con aroma de duelo generacional y con Cristiano aferrado a su último gran escenario mundialista.

Mientras el vestuario se prepara para otro examen de máxima exigencia, la imagen que queda de Toronto no es solo la del gol ni la del marcador. Es la de un capitán que, en plena cuenta atrás de su carrera en los Mundiales, decide que una de sus últimas camisetas no termine en una vitrina lejana, sino en las manos de su hermana, saltando y bailando en la grada como cuando todo esto apenas empezaba.