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Derry City sufre otra derrota ante Waterford: un 2-4 doloroso

La pesadilla de Derry City no tiene fin. En una noche tensa en el Brandywell, el colista Waterford se llevó un 2-4 que sonó a bofetada y a realidad: el equipo de Tiernan Lynch está en caída libre y ya ni el factor campo le protege.

Waterford, último en la tabla, jugó como si no conociera el miedo. Golpeó pronto, resistió cuando tocaba y castigó sin piedad a un Derry desordenado, frágil atrás y errático en las áreas. El marcador llegó a reflejar un 0-3 que encendió la grada… y no precisamente para empujar a los suyos.

Un penalti que abrió la herida

El partido se torció para Derry a los 13 minutos. Un toque de mano de Conor Barr dentro del área, tras un toque sutil de Will Johnston, no pasó desapercibido para el árbitro Declan Toland. Penalti. Tommy Lonergan, que ya había castigado desde los once metros esta temporada al conjunto del Foyle, no dudó: disparo alto, a la escuadra, imposible para Brian Maher. Tercer penalti que le marca a Derry en la campaña. Mismo ejecutor, mismo verdugo.

Derry reaccionó con orgullo, pero sin puntería. Adam O’Reilly, uno de los pocos que se salvó del naufragio, rozó el empate con un disparo lejano de 25 metros que superó a Stephen McMullan, pero se estrelló en el larguero. El Brandywell contuvo el aliento; el balón no quiso entrar.

En el área contraria, el caos defensivo de Derry obligó a Brandon Fleming a multiplicarse. El lateral izquierdo evitó el 0-2 dos veces en segundos: primero sacó bajo palos un remate de John Mahon y, acto seguido, se elevó para despejar de cabeza, casi desde debajo del larguero, un testarazo de Padraig Amond. Era un aviso claro. Waterford llegaba poco, pero cada llegada olía a peligro.

La ocasión más clara de Derry en el primer acto llegó pasada la media hora. Liam Boyce filtró un pase delicioso para la carrera de O’Reilly. El centrocampista se plantó solo ante McMullan, con todo a favor, pero su disparo fue blando y centrado. Directo al cuerpo del guardameta. Una oportunidad de oro tirada por la borda y un murmullo de desesperación en la grada.

El Brandywell estalla

El segundo tiempo arrancó con la misma sensación: Derry empujaba, chocaba con la madera, y Waterford esperaba su momento para morder. A los 68 minutos, el poste, esta vez, salvó a los locales. Un golpeo exquisito de Conan Noonan en un libre directo de 20 metros superó a Maher, pero se estrelló con violencia en el travesaño. El 0-2 parecía escrito; el metal lo aplazó unos minutos.

No por mucho tiempo. Cuando Waterford dobló su ventaja, parte de la hinchada local explotó. Desde la grada se escuchó con claridad el cántico: “Tiernan Lynch it’s time to go home”, acompañado de una pancarta con un mensaje rotundo: “Lynch Out”. El clima se volvió irrespirable para el técnico.

El golpe definitivo llegó en el 77. Hayden Cann arrancó por la derecha con metros por delante, ganó línea de fondo y puso un centro raso y tenso al corazón del área. Allí apareció Padraig Amond, siempre intuitivo, para colocar el interior del pie y empujar el 0-3 a placer. Un gol sencillo, demoledor en su simbolismo: el colista estaba pasando por encima de un Derry roto.

La respuesta local fue más de orgullo que de fútbol. Michael Duffy, uno de los capitanes anímicos del equipo, se fabricó un disparo cruzado desde la izquierda que superó a McMullan, pero se estrelló de nuevo en el poste. Segunda vez que la madera negaba el gol a los de Lynch. La noche estaba torcida.

Un amago de remontada… y el mazazo final

Duffy no se rindió y terminó participando en el primer tanto de Derry. En el minuto 82, el capitán botó un córner desde la izquierda y encontró la cabeza de Rob Slevin, que había entrado desde el banquillo. El central se impuso en el área pequeña y remató a bocajarro para el 1-3. Un gol que, más que esperanza, pareció liberar algo de rabia contenida.

Lo inesperado llegó tres minutos después. Cameron Dummigan probó suerte con un disparo lejano que McMullan desvió al poste. El balón quedó suelto en el área pequeña, el propio Dummigan reaccionó antes que nadie y, en lugar de rematar forzado, tuvo la calma para ceder atrás a O’Reilly. Esta vez, el centrocampista no perdonó: disparo seco, raso, y 2-3. De repente, el Brandywell despertó. El colista temblaba. El partido, que parecía sentenciado, se abría de nuevo.

Pero Derry no supo gestionar ese impulso. Se volcó en ataque, se desprotegió atrás y dejó metros a la espalda de su defensa. Waterford, que había vivido del contraataque toda la noche, encontró la estocada final en el descuento.

En la última acción significativa, un balón largo pilló a la zaga local muy arriba. Jorgen Voilas, recién ingresado, ganó el duelo a Maher, que salió desesperado fuera del área. El delantero lo superó con un toque sutil y, con la portería vacía, empujó el 2-4 definitivo. Silencio en la grada. El colista remataba su exhibición en el contragolpe.

Un equipo sin red

La alineación de Derry, con Brian Maher bajo palos, una zaga formada por Barry Cotter, Conor Barr, Patrick McClean y Brandon Fleming, y un centro del campo con Cameron Dummigan, James Olayinka y Adam O’Reilly, mostró esfuerzo, pero también una fragilidad alarmante. Arriba, el tridente Michael Duffy, Liam Boyce y James McClean nunca terminó de carburar, pese a los cambios de Lynch, que dio entrada a Terence Doherty y Rob Slevin en la segunda parte.

Enfrente, Waterford, con Stephen McMullan en portería, un bloque sólido con Hayden Cann, John Mahon y Kevin Long atrás, y un carrilero como Bernardo Couto, manejó mejor los momentos clave. En la medular, Johnston, Sam Glenfield, Noonan y Jordan Houston trabajaron sin descanso para alimentar a Amond y Lonergan. Desde el banquillo, las entradas de Dean McMenamy, Luke Heeney, Trae Coyle y el propio Voilas terminaron de apuntalar una victoria que, por ocasiones claras y contundencia, fue merecida.

Derry golpeó tres veces la madera, generó fases de dominio y llegó a soñar con la remontada. Pero un equipo que necesita tanto para marcar y tan poco para encajar vive permanentemente al borde del abismo.

La grada ya ha señalado a Tiernan Lynch. La tabla también. La pregunta ahora no es qué tan mal está Derry City, sino cuánto tiempo más puede sostenerse así antes de que alguien, dentro del club, decida que esta caída necesita un freno inmediato.