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Lionel Messi a un gol de superar récord en Mundiales

Lionel Messi vuelve a cruzar una puerta que parece no tener fin. El lunes 22 de junio, en Dallas, el capitán de Argentina se asoma a otro capítulo de la historia del fútbol: necesita solo un gol ante Austria para superar el récord absoluto de 16 tantos en Mundiales que comparte con Miroslav Klose.

Llega con 39 años a la vuelta de la esquina —cumple el miércoles 24— y con el peso de un torneo más sobre la espalda. En el debut, frente a Argelia, respondió como suele hacerlo: con un hat-trick en el 3-0 y con lágrimas en el primer gol, un gesto que desnudó algo más que alivio competitivo. Después se supo que su padre se recupera de un problema de salud no especificado. El contexto es duro. Su impacto, intacto.

Ni la lesión de isquiotibiales que condicionó la preparación ni el ruido alrededor de su estado físico alteraron el efecto Messi sobre el grupo. Su sola presencia sigue ordenando a Argentina. Y dentro del vestuario nadie lo discute.

“Si alguien pensó que este grupo estaba mejor sin Leo, hoy quedó claro que Leo es el más importante de todos”, sentenció Alexis Mac Allister tras el triunfo ante Argelia.

Una frase que refleja el clima interno: el equipo gira, todavía, alrededor del 10.

El escenario es claro. Si Argentina vence a Austria, se asegura el billete a la siguiente ronda. Y si más tarde Jordania no logra ganarle a Argelia, el campeón del mundo terminará como líder del Grupo J. Es Mundial, pero también es una carrera contra el tiempo y contra los récords. Messi está en el centro de ambas.

Mbappé, partido 100 y caza mayor

Mientras Messi persigue el gol 17, otro depredador del área acelera por la misma autopista. Kylian Mbappé disputará su partido número 100 con Francia en Filadelfia, ante Irak, también con la mira puesta en el registro de Klose.

“No hay nada más grande: cien es una cifra histórica, y tener la oportunidad de llegar a ese número aquí, en un Mundial, hace que sea un partido especial para mí”, explicó el delantero francés el domingo 21 de junio. No es un trámite más en su carrera, es un hito.

Mbappé, de 27 años, ya suma 14 goles en Mundiales, igualado con la leyenda de Alemania Occidental Gerd Müller. Llegó a esa marca con un doblete en el 3-1 sobre Senegal en el estreno del Grupo I. Dos partidos, dos avisos claros: Francia quiere volver a la final que perdió por penales ante Argentina en 2022, y su estrella no levanta el pie.

Sobre el papel, el vigente subcampeón del mundo debería imponer su jerarquía ante Irak y sellar el pase a octavos. El único factor externo que asoma es el cielo: se pronostican tormentas en Filadelfia que podrían interrumpir el juego. Dentro del campo, el plan es simple: dominar, ganar, avanzar.

El otro vértice del grupo también tiene nombre propio. Noruega y Erling Haaland, que ya firmó un doblete en el 4-1 contra Irak, pueden abrochar su clasificación si vencen a Senegal en New Jersey y Francia hace lo propio con Irak. Haaland olfatea el área, Mbappé huele la historia. El Grupo I vibra al ritmo de sus botas.

España reacciona, Lamine Yamal enciende la chispa

El domingo dejó otro giro de guion. España, cuestionada tras el gris 0-0 ante Cabo Verde en su debut, necesitaba una respuesta. La encontró con contundencia: 4-0 a Arabia Saudita y un mensaje directo a quienes dudaron.

El protagonista del arranque fue Lamine Yamal. El talento de Barcelona, que no había sido titular en los últimos dos meses por una lesión en el isquiotibial, abrió el marcador y encendió al equipo. Gol, desborde, personalidad. España respiró.

Mikel Oyarzabal se encargó de ampliar la brecha con un doblete que destrozó la resistencia saudí. Después, un autogol de Hassan al-Tambakti cerró la goleada y la noche. Críticas en la víspera, reacción en el campo.

Luis de la Fuente no escondió el combustible emocional que movió a su grupo. “Cuando alguien cuestiona tu trabajo, es humano que cualquiera con coraje y orgullo reaccione para demostrar que se equivoca”, explicó el seleccionador. La frase sonó a advertencia: España se alimenta de la desconfianza ajena.

Con cuatro puntos en dos jornadas, la campeona de Europa se sube a la cima del Grupo H. No es una sentencia, pero sí una corrección de rumbo después del tropiezo inicial.

Cabo Verde sueña despierto

En el mismo grupo, Cabo Verde volvió a desafiar la lógica. Después de frenar a España, esta vez se midió a Uruguay en Miami y rescató un 2-2 vibrante que lo mantiene vivo y, sobre todo, ilusionado.

La selección debutante en un Mundial ya no se ve como invitada de piedra. Su entrenador, Bubista, lo dejó claro tras el empate: su equipo se permite soñar con los octavos de final, un escenario impensado antes del torneo.

“Queremos mostrarle al mundo entero que estamos en condiciones de pelear por la clasificación, y creo que eso fue lo que demostramos en el partido de hoy”, afirmó.

No fue un discurso vacío: Cabo Verde compitió, golpeó y resistió ante una Uruguay obligada a remar.

Lo que hace unas semanas parecía un cuento exótico empieza a tomar forma de amenaza real para los grandes del grupo.

Bélgica se atasca, Irán deja un mensaje

Más al oeste, en Los Ángeles, Bélgica sigue sin encontrar la llave. Dos partidos, dos empates. Primero ante Egipto, ahora frente a Irán, en un 0-0 que deja más dudas que certezas para los Red Devils en el Grupo G.

El equipo belga terminó con diez hombres y se estrelló una y otra vez contra un bloque iraní disciplinado, compacto, incómodo. No hubo chispa ni soluciones claras en los metros finales. El reloj avanza y la generación belga que hace unos años prometía un título se enfrenta, otra vez, al espejo de la frustración.

Irán, en cambio, se marchó del estadio con algo más que un punto. En pleno contexto de negociaciones entre su país y Estados Unidos para poner fin a la guerra, la selección dejó un mensaje manuscrito en el vestuario del Los Angeles Stadium: “Que la paz, el respeto y la amistad prevalezcan entre todas las naciones”.

El texto continuaba con un agradecimiento: “Gracias, Los Ángeles, por su hospitalidad. Y gracias a cada iraní que entregó su corazón, su voz y su alma por Irán durante estos 180 minutos”. Y remataba con una declaración de principios: “Vinimos a Los Ángeles con orgullo, competimos con honor y nos fuimos con dignidad. Que la paz, el respeto y la amistad prevalezcan entre todas las naciones”.

En medio de un Mundial dominado por récords, goles y gigantes que pelean por la eternidad, Irán recordó que el fútbol también escribe otro tipo de mensajes. Mientras Messi y Mbappé corren hacia la historia, el torneo deja huellas que van mucho más allá del marcador.