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Lionel Scaloni enfrenta el ruido mediático antes del partido contra Austria

En Arlington, Texas, la noticia no era el rival. Era el ruido. Y Lionel Scaloni salió a apagar el incendio antes de que tocara el vestuario.

La familia Messi había tenido que aclararlo con firmeza: Jorge Messi está en tratamiento médico y evoluciona de manera positiva. Nada de tragedias, nada de luto. Solo un proceso de recuperación. Pero el daño ya estaba hecho.

Todo estalló cuando Florencia Peña, presentadora de Luzu TV, informó en directo y de forma errónea la supuesta muerte del padre de Messi durante una transmisión en vivo. La falsa noticia se propagó en cuestión de minutos, cruzó pantallas y redes sociales, y golpeó de lleno a la intimidad del capitán argentino, justo en el arranque de su sexto Mundial. Peña terminó presentando su renuncia, alegando que había recibido información equivocada por la cucaracha, suministrada por su propio equipo de producción.

La reacción interna fue fulminante. La empresa responsable de la transmisión tomó medidas disciplinarias inmediatas. El productor Nicolás Occhiato confirmó que varios miembros del staff fueron despedidos tras el error, un mensaje claro sobre los límites que no se pueden cruzar en la carrera por la primicia.

En medio de ese vendaval extradeportivo, Argentina se prepara para enfrentar a Austria en Arlington. Scaloni lo sabe: si no corta el tema, el foco se le va del césped.

“Estamos bien. Estamos preparados para afrontar el partido de mañana”, aseguró el seleccionador, citado por ESPN, en la conferencia previa. Habló de grupo, de unión, de refugio colectivo en tiempos agitados. “Creemos firmemente que es el grupo el que saca adelante las situaciones buenas y malas. Sabemos que siempre es mejor estar con un amigo. Es lo que sentimos todos, y él debe sentirlo también. No quiero agregar nada más sobre este tema; estamos preparados para el partido”.

El mensaje fue directo. Cerrar filas, mirar la pelota, proteger a Messi desde el silencio y desde el juego.

En lo deportivo, el escenario es mucho más amable. Argentina llega lanzada tras el 3-0 a Argelia en el debut, con hat-trick de Messi y un rendimiento que encendió las ilusiones. Ante Austria, la selección buscará otro triunfo que le permita asegurar el pase a los octavos de final y sostener la inercia de un inicio sólido.

Pero Scaloni no vende facilidades. Al contrario. “Austria es un rival duro, con muy buenos jugadores”, advirtió. “Presionan bien, son un equipo directo y tuvieron una gran clasificación. Un equipo a tener en cuenta. Va a ser un partido complicado. Hemos ganado los dos, y eso puede hacer que sea un gran espectáculo. Será difícil, duro”.

La advertencia no es pose. El cuerpo técnico argentino observa con atención cómo responderá el equipo cuando no tenga la pelota, cuando Austria apriete arriba y obligue a la campeona del mundo a defender más bajo o a correr hacia atrás. No todo será control, no todo será dominio. Habrá tramos de sufrimiento, y ahí se verá de qué está hecho este grupo en su enésimo desafío grande.

Entre la tormenta mediática y la calma que intenta imponer el entrenador, Argentina se planta en Texas con una idea clara: que el ruido quede fuera del estadio y que la respuesta, una vez más, llegue desde el césped. Porque el Mundial no espera, y tampoco perdona distracciones.