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Neymar se derrumba en el MetLife: un adiós mundial lleno de lágrimas

En el césped del MetLife Stadium no solo se apagó el sueño de Brasil. También, muy probablemente, se cerró el capítulo mundialista de Neymar. El brasileño terminó de rodillas, roto en lágrimas, tras la derrota por 2-1 ante Noruega en los octavos de final. Un final crudo para una de las grandes historias de la última década.

El contexto ya era dramático antes del pitido inicial. Neymar, con 34 años y arrastrando una lesión en la pantorrilla sufrida en mayo con Santos FC, había sido duda hasta el último momento para entrar en la lista de Carlo Ancelotti. Al final, el técnico lo incluyó, desatando el entusiasmo de la hinchada brasileña. Pero el papel del ’10’ quedó reducido a un recurso desde el banquillo. No fue titular en ninguno de los partidos del torneo.

En Nueva Jersey, su última función empezó tarde. Saltó al campo en el minuto 67, con el marcador todavía 0-0 y Brasil atascado, sin chispa ni claridad en los metros finales. El plan era claro: darle a Neymar media hora para cambiar el destino de la noche.

La respuesta llegó del otro lado. El delantero estrella de Noruega castigó la falta de contundencia brasileña a los 79 minutos, abriendo el marcador y enfriando el ambiente verdeamarillo en las gradas. Brasil acusó el golpe. Y cuando el equipo de Ancelotti se volcó desesperadamente, Noruega asestó el segundo mazazo: en el minuto 90, otro latigazo del ariete nórdico, esta vez un disparo fantástico desde fuera del área, ajustado al segundo palo, puso el 2-0 y dejó a la “Canarinha” al borde del abismo.

Entonces llegó el último giro. El partido se adentraba en el añadido cuando Leo Østigard cometió un penalti dentro del área al golpear con el codo en la cabeza a Casemiro en un duelo aéreo. El árbitro señaló el punto fatídico. El estadio contuvo la respiración. Neymar tomó el balón.

No tembló. Ejecutó la pena máxima y recortó distancias en lo que puede ser su último gol con la selección brasileña. Acto seguido, se encaró con el guardameta Ørjan Nyland, cruzando unas palabras cargadas de tensión y orgullo, como si aún se resistiera a aceptar el final.

Ese penalti llevó su firma número 80 con la camiseta de Brasil. Tres más que Pelé en el registro histórico de la selección masculina. Un récord enorme, incontestable. Pero incompleto cuando se mira al escaparate que más pesa: los títulos mundiales.

Pelé levantó tres Copas del Mundo. Neymar ninguna. Desde el último título de Brasil, en 2002, el país vive pendiente de una nueva generación dorada que no termina de coronarse. Con Neymar en la plantilla, la selección no ha logrado pasar de los cuartos de final. Y lo de este domingo duele aún más: es la primera vez desde 1990 que Brasil cae en octavos de final de un Mundial.

La imagen final, con Neymar desconsolado sobre el césped del MetLife, resume una era: un talento descomunal, un récord de goles histórico y una deuda eterna con el trofeo que define carreras. Si este fue su último Mundial, la pregunta ya no es qué hizo Neymar con Brasil, sino qué le faltó a Brasil para estar a la altura de Neymar.