Noruega vence a Costa de Marfil en un final dramático
La selección de Côte d'Ivoire rozó la gesta. Firmó una segunda parte de enorme carácter, se levantó a tiempo gracias al talento de Amad Diallo y acabó cayendo 2-1 ante Noruega, abatida por un zarpazo final de Erling Haaland y por un cabezazo de Evann Guessand que se marchó rozando el palo en la última jugada.
Fue un final cruel para unos Elefantes que merecieron más.
Respeto inicial y primer golpe noruego
El inicio tuvo algo de estudio y de respeto. Costa de Marfil se protegió ante la sociedad más temible de Noruega: Martin Ødegaard y Erling Haaland. Aun así, el equipo africano no renunció a morder arriba.
Yan Diomandé avisó pronto, obligando a la zaga nórdica a recular. Poco después, Emmanuel Agbadou se sumó al asedio con otra aparición peligrosa. El mensaje era claro: los Elefantes no habían viajado para ser comparsa.
La ocasión más clara del primer tiempo, sin embargo, cayó a los pies de Nicolas Pépé. Minuto 28, balón franco en el área y una posición inmejorable. Pero el remate se marchó desviado. Un fallo que pesaría.
Porque Noruega no perdonó en la siguiente ventana de oportunidad. A seis minutos del descanso, una desconexión defensiva marfileña dejó espacio a Antonio Nusa. El atacante, rápido y decidido, armó un disparo brillante que superó a Yahia Fofana y abrió el marcador: 1-0. Un castigo inmediato a la falta de precisión en el área rival.
El impacto de Amad Diallo y el cambio de guion
El partido pedía algo distinto. Y lo encontró pasada la hora de juego, cuando Elye Wahi y Amad Diallo saltaron al césped. Desde ese momento, el encuentro cambió de tono.
Costa de Marfil adelantó líneas, apretó la salida de Noruega y empujó al bloque escandinavo contra su propia área. La energía de los recién ingresados se notó en cada carrera, en cada duelo dividido.
Ørjan Nyland sostuvo a Noruega con dos intervenciones de peso, primero ante Pépé y luego frente a Franck Kessié. Parecía que el muro nórdico aguantaba. Pero la presión terminó por romperlo.
En el minuto 74, Pépé filtró un pase que desnudó la espalda de la defensa. Amad Diallo, frío donde otros se precipitan, controló la situación y definió raso con la zurda. Gol limpio, maduro, de jugador que pide más escenario. 1-1 y todo el impulso del lado africano.
En ese tramo, Noruega se vio desbordada. Ødegaard aparecía poco, Haaland casi no tocaba la pelota y los Elefantes olían la remontada.
Haaland aparece cuando más duele
Pero con futbolistas como Haaland, un segundo de desconcierto puede costar un torneo. Y eso ocurrió en el minuto 86.
Tras una segunda parte casi en silencio, el delantero del Manchester City encontró por fin un resquicio. Una breve descoordinación en la zaga marfileña bastó. Haaland atacó el espacio, se plantó ante Fofana y devolvió la ventaja a Noruega con la frialdad habitual. 2-1, golpe directo al ánimo de un equipo que había hecho casi todo bien desde el descanso.
Costa de Marfil, lejos de rendirse, se lanzó al todo o nada. Línea adelantada, centros constantes, cada balón parado como una última vida.
Amad Diallo volvió a asumir galones. Probó de nuevo a Nyland con un disparo potente que obligó al guardameta a una parada soberbia. El portero noruego sostuvo a los suyos mientras el reloj se derretía.
Y aún quedaba la última escena.
Centro al área en el descuento, Evann Guessand se elevó y conectó un cabezazo que silenció por un instante a los noruegos. El balón viajó lento, dramático, besando el aire… y se marchó fuera por centímetros. Era el empate. Era el premio a una reacción magnífica. Se convirtió en la imagen de la frustración.
Una despedida que deja señales claras
La derrota deja fuera a Côte d'Ivoire de la gran cita, pero no borra lo mostrado. Un equipo que supo competir ante el talento de Ødegaard, la pegada brutal de Haaland y la solidez de un bloque europeo acostumbrado a gestionar ventajas.
El tramo final, liderado por Amad Diallo, ofrece algo más que consuelo: marca un camino. Porque si un grupo es capaz de poner contra las cuerdas a Noruega tras ir por detrás, de generar ocasiones claras hasta el último segundo y de obligar a su rival a refugiarse en su área, la pregunta ya no es si puede competir al máximo nivel.
La cuestión es cuánto tardará en volver para demostrarlo.






