El último día de la Premier League: Tottenham en peligro
El último día. Diez partidos a la vez, transistores imaginarios pegados al oído, miradas perdidas hacia el videomarcador esperando noticias desde otro estadio. Cuentas, combinaciones, “si ellos marcan, nosotros…”. La jornada que convierte un calendario de nueve meses en una ruleta rusa de 90 minutos.
No hay carrera por el título, pero el drama está garantizado gracias, cómo no, a Tottenham. Incapaces de rematar nada, ni un plato de comida ni una temporada tranquila, han conseguido lo impensable: llegar a la última jornada con la amenaza real de descenso. Un club con vocación permanente de accidente de tráfico.
Mientras tanto, el resto del país finge que le importa la pelea por Europa. La verdad es que no. Lo que manda hoy es el abismo, el miedo, la posibilidad de hundirse. Y ahí, Spurs y West Ham se reparten el foco.
Partido para ver: Tottenham v Everton
James Maddison lo definió como “vergonzoso”. Tenía razón. Tottenham, un año después de acabar 17º con los mismos puntos que tiene ahora, vuelve a asomarse al vacío. La diferencia es brutal: entonces llevaba meses salvado porque había tres equipos descolgados. Ahora solo hay dos, y la cuerda está mucho más cerca del cuello.
La coartada del curso pasado fue la Europa League. Una vez abrochada la permanencia en febrero con tres victorias seguidas, el club miró a Europa y dejó que la liga se deshiciera. Esta temporada, la excusa es otra lista de lesiones catastrófica. Pero incluso eso tiene réplica: en enero ya estaban en cuadro… y decidieron no hacer nada para no parecer nerviosos. El resultado: parecen incompetentes.
La gestión de enero queda marcada a fuego en el juicio a la directiva. La venta de Brennan Johnson por un buen dinero encajó con cierta lógica, y nada de lo que ha hecho desde entonces indica que fuera un error deportivo mayúsculo. El problema llegó justo después: lesión grave de Mohammad Kudus en el siguiente partido, fuera desde entonces… y Tottenham sin moverse de verdad en las tres semanas restantes del mercado para suplir ni a uno ni a otro. Si el domingo acaba en tragedia, ese será uno de los capítulos centrales del informe.
Aunque se salven, la temporada de Vinai Venkatesham y Johan Lange roza lo indefendible. Una campaña de torpeza impensable en la que ni respaldaron ni destituyeron a Thomas Frank a tiempo, y dejaron a Roberto De Zerbi con una plantilla mutilada en ataque. El italiano ha mejorado el equipo en términos de idea y estructura, pero se ha estrellado contra la realidad: faltan jugadores, faltan goles, falta calidad arriba.
De Zerbi vuelve a encontrarse con el mismo puzle incompleto. Todo apunta a un tridente con Richarlison, Mathys Tel y un Randal Kolo Muani desastroso, esperando que un Maddison a medio gas pueda cambiar algo desde el banquillo en la segunda parte. Sus apariciones recientes ante Leeds y Chelsea han sido un espejo cruel: en 20 minutos, el equipo ataca mejor que en el resto del partido, pese a que el mediapunta aún está lejos de su mejor forma.
El guion dice que a Tottenham le basta un punto para garantizar la salvación. A no ser que West Ham le meta 12 a Leeds, escenario tan ridículamente Spurs que ni siquiera los más pesimistas se lo toman en serio. El rival ayuda: Everton se ha quedado sin aire desde marzo, ha perdido fuelle en la pelea por Europa y lleva semanas dando tumbos.
Pero nadie en su sano juicio pondría la mano en el fuego por este Tottenham. Un buen inicio se antoja obligatorio. Este equipo, incluso en su versión algo mejorada, tiene una confianza de cristal. Encaja un golpe y se derrumba. Lo ha demostrado con De Zerbi: iba bien en Sunderland y en Stamford Bridge hasta el primer gol en contra, y se vino abajo. Ante Leeds, pasó de controlar el partido a temblar tras el empate.
La sensación es clara: Spurs necesita golpear primero. No solo para calmar sus propios nervios, sino para no alimentar a sus perseguidores. Porque el factor ambiental puede ser demoledor. Imaginen el Tottenham Hotspur Stadium convertido en un pozo de ansiedad si aparece en los marcadores un gol de West Ham. Imaginen a esos jugadores mirando de reojo al banquillo, sintiendo el pánico subir por las gradas.
Hay nueve combinaciones posibles de resultados entre Tottenham y West Ham. Ocho salvan a Spurs. Ocho. Pero este es Tottenham. Y la sospecha de que aún les queda una catástrofe final para coronar la temporada no desaparece. Si pierden, algo perfectamente plausible, el foco viajará a…
Equipo para seguir: West Ham
West Ham llega vivo, que ya es mucho después de la rendición absoluta en Newcastle. No depende de sí mismo y se mide a un rival, Leeds, mucho más duro ahora mismo que Everton. Pero tiene una puerta entreabierta. Y eso basta para encender un vestuario.
La esperanza es sencilla: que Leeds esté en modo chanclas, con la mente en las vacaciones. Sobre el papel, resulta complicado. Son ocho partidos seguidos sin perder y vienen de ganar a un Brighton que se jugaba la vida europea, mientras ellos no tenían nada en juego. Este Leeds no parece un equipo dispuesto a regalar victorias.
West Ham, en cambio, encadena tres derrotas y ha ofrecido versiones que van desde lo flojo a lo bochornoso. Pero la última jornada no entiende de coherencia. El plan es evidente: marcar pronto, mandar un mensaje directo a un Tottenham frágil y convertir cada minuto en Londres en un examen de nervios.
Es un escenario de tiro lejano, sí. Pero no es ciencia ficción. Si West Ham hace su parte, la presión se traslada a un equipo que lleva años demostrando que gestiona mal las emociones fuertes. Y ahí es donde un gol en Leeds puede valer tanto como tres en Londres.
Entrenador para seguir: Pep Guardiola
En otro rincón del país, se despide un gigante. Pep Guardiola dirigirá por última vez en la Premier League, como antes lo hicieron Sir Alex Ferguson, Arsène Wenger o Jürgen Klopp. Cuesta imaginarlo en otro banquillo inglés. Su ciclo aquí se cierra ante Aston Villa, flamante campeón de la Europa League, en un partido sin nada en juego para la clasificación.
City dejó escapar cualquier opción de apretar a Arsenal al tropezar en Bournemouth con un empate que ni mereció. Se queda un año extraño: un doblete doméstico con una plantilla en transición, pero sin pelea real por la liga. No encaja en la categoría de fracaso, pero tampoco en la de éxito rotundo si se mide con la vara que él mismo impuso.
Durante una década, Guardiola convirtió la Premier en su jardín privado: seis títulos en siete temporadas, campañas de 95 puntos o más para optar al trono, una exigencia brutal. Ahora se va tras dos cursos muy por debajo de ese listón: uno sin competir el título y otro con una carrera irregular. Algo le escocerá. Pero abandona el campeonato como el segundo mejor técnico de su historia.
Y teniendo en cuenta quién ocupa el primer lugar, no es un mal epitafio.
Jugador para seguir: Mohamed Salah
Otro adiós, este mucho más envenenado. Mohamed Salah se marcha de Liverpool tras una última temporada en modo tormenta permanente: gesto torcido, sensación de desconexión sin Trent Alexander-Arnold detrás, declaraciones desafortunadas después de los partidos y salidas de tono en redes sociales.
El resultado es amargo. Una leyenda de la Premier y del club se va bajo una nube innecesaria, un año después del adiós igualmente tenso de Trent en Anfield. Una generación dorada que se disuelve sin el romanticismo que merecía.
Desde el punto de vista del observador, Salah se convierte en un foco inevitable. Liverpool necesita un punto para asegurar la Champions la próxima temporada. Da igual si el egipcio juega, si se queda en el banquillo con cara de pocos amigos o si combina ambas cosas: será el centro de todas las miradas. En una tarde con diez partidos simultáneos, su figura seguirá dominando el relato incluso si ni siquiera pisa el césped.
Partido de Football League para ver: Hull City v Southampton Middlesbrough
El play-off de ascenso del Championship no necesita artificios. El premio, un lugar en la Premier y alrededor de 200 millones de libras, basta para disparar el pulso. Pero este año llega aderezado por el esperpento: el famoso “Spygate” de Southampton.
El club ha pagado carísimo un episodio de torpeza extrema. Nada de tecnología punta ni operaciones de película: un empleado con el móvil en la mano, grabando donde no debía y sin siquiera el ingenio de camuflarse como socio de club de golf para pasar desapercibido. Un desastre de barrio que puede costar una fortuna.
Middlesbrough, por su parte, es víctima y beneficiado a la vez. El castigo a Southampton le abre una puerta que, deportivamente, había cerrado en el campo. Porque los verdaderos damnificados son Hull City. El único equipo que hizo lo de siempre: ganar su semifinal a doble partido y clasificarse sin ruido. Y, sin embargo, es el que más ha sufrido el caos.
Southampton hizo trampa. Middlesbrough perdió. No es delito, pero en una semifinal de play-off, suele significar adiós. Los dos, sin embargo, han podido prepararse sabiendo que o se enfrentarían a Hull o no lo harían. Hull solo supo con certeza a menos de 72 horas del partido quién sería su rival.
Y, claro, todos conocemos cómo funciona la lógica del fútbol inglés: el guion pide que Middlesbrough gane el partido de los 200 millones y se convierta en el primer semifinalista perdedor de la historia que acaba ascendiendo.
Partido europeo para ver: Bayern Munich v Stuttgart
En Alemania, Harry Kane persigue otro título. Bayern Munich, campeón holgado de la Bundesliga, se mide a Stuttgart, vigente campeón, en la final de la DFB Pokal. Sobre el papel, suena a trámite para el gigante bávaro. No lo es tanto.
Bayern no levanta la Pokal desde 2020, cuando alcanzó su vigésimo trofeo. Lleva cinco años sin siquiera pisar la final. Stuttgart, en cambio, conquistó su cuarta copa el curso pasado y ahora encadena finales por primera vez en su historia. Ya cayó dos veces ante Bayern en este escenario, en 1986 y 2013.
La historia dice Bayern. El momento invita a no descartar otra sacudida. Kane, mientras tanto, sigue persiguiendo esa colección de medallas que durante tanto tiempo le negó el fútbol inglés. Y lo hace en un país donde las finales rara vez perdonan.






