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Brasil y la polémica del VAR: conflicto con la FIFA

La jugada que encendió a Brasil llegó temprano, en el minuto 21, y aún resuena mucho después del pitido final. El último partido del Grupo C ante Escocia parecía encarrilado: ventaja inicial con un gol de Vinicius Jr, dominio claro, sensación de control. Y entonces, el estallido.

Vinicius, en modo depredador, le robó el balón a Jack Hendry, encaró sin titubeos y definió con una frialdad quirúrgica ante Angus Gunn. Cesar Ramos señaló el centro del campo. Gol. Brasil celebró. Escocia se resignó. Todo parecía normal.

Hasta que apareció el VAR.

Las imágenes se revisaron, el ambiente se congeló y, de repente, el gol quedó anulado por una supuesta falta de Vinicius en el inicio de la acción. La decisión cayó como un jarro de agua helada sobre el banquillo brasileño. Para el cuerpo técnico de Carlo Ancelotti, el contacto era leve, propio del juego, muy lejos del listón de “claro y obvio” que debería justificar la intervención de la tecnología.

La indignación no se quedó en la banda. Saltó directamente a los despachos.

Brasil lleva su pelea al despacho de Gianni Infantino

El presidente de la CBF, Samir Xaud, decidió elevar el conflicto al máximo nivel. Pluma en mano, remitió una carta formal al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, denunciando lo que la federación considera una falta de coherencia arbitral a lo largo del torneo.

En el documento, al que tuvo acceso el medio brasileño Estadao, la CBF no solo cuestiona la decisión ante Escocia. Va más allá: pide que el mexicano Cesar Ramos sea apartado de futuros partidos de Brasil en Norteamérica. Y no lo hace al azar. Habla de un “historial negativo” con el colegiado, que se remonta al Mundial de 2018.

Aquel día, ante Suiza en la fase de grupos, la delegación brasileña se marchó del estadio con la sensación de haber sido perjudicada: reclamaron un penalti no señalado y una falta en la jugada previa al empate suizo. Ese recuerdo vuelve ahora como argumento central. Para la CBF, ese precedente debería haber bastado para que Ramos no fuese designado en este torneo para un partido de la Seleção.

El ejemplo más incómodo: Messi y Argentina

En un giro tan llamativo como calculado, Brasil recurrió a su rival histórico para apuntalar su queja. En la carta, la CBF cita un gol de Lionel Messi para Argentina ante Austria en esta misma competición. Señala que acciones físicas similares en la génesis de ese tanto se dieron por válidas, mientras que a Brasil se le anula un gol por un contacto que consideran comparable o incluso menor.

El mensaje es claro: no se trata solo de una jugada aislada, sino de un criterio que, a ojos de la federación brasileña, no se aplica con la misma vara de medir a todas las selecciones.

El documento también subraya un detalle que, para Brasil, delata la naturaleza de la decisión: la sorpresa generalizada. Según la CBF, la resolución contra Escocia “pareció inesperada no solo para el equipo brasileño, sino también para los propios jugadores escoceses, cuyas reacciones inmediatas sugerían que no esperaban una revisión ni la posterior anulación del gol”. En otras palabras, nadie en el campo vio una infracción digna de revisión hasta que el VAR intervino.

Ancelotti mira al césped: Japón espera en Houston

Mientras la batalla se libra en los despachos, Carlo Ancelotti mantiene la brújula en el césped. Brasil ya tiene cita en los octavos de final: Japón, en Houston, en un cruce que medirá no solo el talento, sino la madurez de una selección que ha ido creciendo partido a partido.

El ruido del VAR no tumbó al equipo. Vinicius Jr volvió a marcar más adelante en el encuentro y Matheus Cunha firmó el tercero para cerrar un triunfo cómodo y asegurar el liderato del grupo sin apuros. El resultado, más allá de la polémica, refuerza la sensación de que la Seleção empieza a encontrar una estructura reconocible.

Ancelotti lo dejó claro tras el partido. Habló de un equipo que, por fin, juega como tal. Admitió que no es perfecto, que aún puede acelerar más cuando tiene el control del balón, pero destacó algo que en eliminatorias pesa más que cualquier debate: la solidez. Menos errores que en el debut, más ritmo, más pegada.

Brasil sale de la fase de grupos con una herida abierta con el arbitraje y una carta en el despacho de Infantino. Pero también con un mensaje futbolístico: ha encontrado una base, un bloque más compacto, un ataque más afinado.

La pregunta ya no es solo cómo se gestionará la tensión con la FIFA. La verdadera incógnita es otra: ¿hasta dónde puede llegar esta Brasil, si su mayor enemigo deja de ser el VAR y vuelve a ser únicamente el rival que tiene enfrente?