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Corea del Sur ante el Mundial: Expectativas y Desafíos

A un mes de que ruede el balón en el Mundial que organizarán México, Canadá y Estados Unidos, la gran incógnita en Corea no está solo en el césped. Está en las butacas, en el ambiente, en una afición que ha pasado de llenar estadios con orgullo a cuestionarlo todo: al equipo, al seleccionador Hong Myung-bo y a la propia federación.

La designación de Hong en el verano de 2024 encendió la mecha. Polémica, impopular, discutida desde el primer día. Cada convocatoria de la selección masculina se convirtió en un plebiscito. Cuando el público acudía, lo hacía con pancartas pidiendo la dimisión del presidente de la Korea Football Association, Chung Mong-gyu, y con abucheos constantes al banquillo. Cuando no acudía, el silencio pesaba aún más.

El 14 de octubre, solo 22.206 espectadores se dieron cita en el Seoul World Cup Stadium, con capacidad para 66.000, para un amistoso ante Paraguay. Fue la peor entrada para un partido de la selección masculina en una década.

Un dato demoledor en un país que convirtió ese mismo estadio en un hervidero en 2002. Un mes después, ante Ghana, el mismo escenario reunió a 33.256 aficionados: mejor cifra, misma sensación de desapego.

Lo más paradójico: Corea ganó esos dos encuentros, con otro triunfo intercalado frente a Bolivia en Daejeon, apoyado por unas 33.000 personas. Tres victorias, cero entusiasmo. El juego no convenció, la desconfianza no se movió un milímetro.

Y entonces llegó 2025, año de Mundial, con el golpe que faltaba. Dos amistosos fuera de casa, dos derrotas que hicieron más ruido que las tres victorias anteriores: 4-0 contra Costa de Marfil el 28 de marzo y 1-0 ante Austria tres días después. Dos marcadores que reabrieron todas las dudas sobre el proyecto de Hong justo cuando el calendario ya entra en la cuenta atrás definitiva.

Un grupo amable… sobre el papel

El contraste es evidente. En la grada, el pesimismo se dispara. En los papeles, el sorteo ha sido generoso. Corea, número 25 del ranking mundial, ha caído en un Grupo A que muchos analistas califican como uno de los más accesibles del torneo: México (15), Czechia (41) y Sudáfrica (60).

El calendario ofrece otro guiño. El debut será ante Czechia el 11 de junio a las 20:00 en Guadalajara (11:00 del 12 de junio en Corea). Después, el duelo estrella contra México, el 18 de junio a las 19:00, también en Guadalajara (10:00 del 19 en Corea). El cierre de la fase de grupos llegará el 24 de junio a las 19:00 en Monterrey, frente a Sudáfrica (10:00 del 25 en Corea).

Tres partidos en territorio mexicano, dos de ellos en la misma ciudad. Menos kilómetros, menos desgaste, menos jet lag que otros rivales en este primer Mundial con tres países anfitriones. En una cita ampliada a 48 selecciones, con una fase de grupos de 12 grupos y un nuevo formato de eliminatorias que arranca en octavos de final con 32 equipos (los dos primeros de cada grupo más los ocho mejores terceros), las puertas parecen entreabiertas para Corea.

Sobre el papel, el escenario invita a pensar que el pase a la siguiente ronda debería estar al alcance. Lo que ocurra a partir de ahí ya es otra historia.

Once Mundiales seguidos, expectativas divididas

Corea afrontará su undécima participación consecutiva en una Copa del Mundo. Lejos de casa, solo ha superado la fase de grupos en dos ocasiones: Sudáfrica 2010 y Qatar 2022. Esa experiencia sostiene una parte del optimismo. La otra se agarra a los nombres propios.

El analista televisivo Kim Dae-gil lo resume con claridad: espera que Corea alcance “al menos” los octavos de final. Su lectura del grupo es pragmática: rivales asequibles, un nivel de exigencia física menor que en otras ediciones y, sobre todo, la sensación de que Czechia y Sudáfrica son oponentes a los que Corea puede imponerse “seis veces de cada diez”.

La lógica de Kim es sencilla: si el equipo accede a las eliminatorias como primero o segundo, el rival en la ronda de 32 será, en teoría, abordable. Desde ahí, todo quedaría en manos de detalles y del talento de las figuras.

Ese talento tiene dos nombres por encima del resto: Son Heung-min, hoy en Los Angeles Football Club, y Lee Kang-in, el cerebro del Paris Saint-Germain. Kim los define como auténticos “game changers”, capaces de inventar ocasiones de gol de la nada, de alterar un partido con una sola acción. El problema aparece justo detrás de ellos.

“La diferencia entre titulares y suplentes es enorme”, advierte. Para ir más allá de los octavos, Corea necesita algo más que dos estrellas: necesita un bloque largo, jugadores capaces de sostener el nivel cuando las piernas pesen o cuando lleguen las sanciones. Y, por encima de todo, necesita que Son llegue sano al Mundial y lo termine igual.

Lesiones, minutos escasos y dudas crecientes

No todos comparten el relativo optimismo de Kim. Seo Hyung-wook, otro analista, ha rebajado su propia previsión. Al principio veía a Corea con nivel para alcanzar los octavos de final; ahora sitúa el techo en la ronda de 32. La razón tiene nombre y apellido: Hwang In-beom.

El centrocampista del Feyenoord, pieza clave en las dos áreas, se recupera de una lesión de tobillo derecho sufrida en marzo con su club. Trabaja con el cuerpo médico de la selección, pero su estado físico sigue siendo una incógnita. Y su influencia en el juego es tan grande que Seo lo considera prácticamente insustituible.

A eso se suma otro problema: varios de los pilares del equipo no llegan en su mejor momento. Seo apunta directamente a Lee Kang-in y a Kim Min-jae, defensa del Bayern Munich, que han perdido protagonismo en sus clubes. Menos ritmo, menos confianza, más interrogantes.

Para Seo, la gran fortaleza de Corea reside en la química entre sus figuras asentadas en Europa: Son, Lee, Kim y compañía llevan años compartiendo vestuario y escenarios de máxima presión. Se conocen, se entienden, saben cómo responder en contextos de alta exigencia. Pero la lista es corta.

“El problema es que no hay muchos jugadores de ese perfil”, subraya. A día de hoy, Seo ni siquiera se atreve a afirmar que Corea cuente con alguien capaz de rendir a nivel verdaderamente “world-class” durante el Mundial.

Un ataque espeso y un estreno decisivo

El tercer analista, Park Chan-ha, coincide en el pronóstico: ve a Corea cayendo en la ronda de 32. Su preocupación no está tanto en los nombres como en la estructura ofensiva del equipo.

La selección de Hong Myung-bo tiene talento, reconoce Park, pero sufre para generar ocasiones claras. El plan ofensivo depende demasiado de la inspiración individual de sus mejores hombres. En un Mundial, esa apuesta suele quedarse corta. Ya en las derrotas de marzo, Park vio señales preocupantes: un equipo atascado, sin automatismos, sin mecanismos claros para desordenar defensas bien organizadas.

Si Hwang In-beom no llega en plenitud o se queda fuera, esa falta de fluidez se puede agravar todavía más. Menos salida limpia, menos apoyo entre líneas, más metros que cubrir para Son y Lee.

En ese contexto, Park mira al debut ante Czechia como el punto de inflexión. Para él, es “el partido que Corea debe ganar”. No hacerlo significaría entrar al duelo contra México con la soga al cuello. Y no se trata solo del resultado: Czechia no es un equipo de vocación ofensiva, se siente cómodo atrás, ordenado, esperando el error ajeno. Justo el tipo de rival que suele atragantársele a una selección que ya sufre para encontrar huecos.

Seo coincide en señalar el primer partido como clave. La historia respalda su argumento: en muchos Mundiales, el destino coreano se ha escrito desde el estreno. Esta vez, además, el segundo rival será México, un equipo acostumbrado a competir al límite en la fase de grupos y que rara vez regala algo. Llegar a ese encuentro sin una victoria en el bolsillo sería, en palabras de Seo, “un gran problema”.

Kim Dae-gil, en cambio, apunta al México-Corea como el verdadero termómetro del grupo. Está convencido de que ambos se jugarán el primer puesto entre sí. Ese duelo, en Guadalajara, puede marcar no solo el orden de la clasificación, sino el cruce en la ronda de 32… y el techo real de esta selección.

Entre la desconfianza de la grada, las dudas físicas de sus figuras y un grupo que parece más benévolo de lo que quizá es, Corea se planta ante un Mundial que puede redefinir una generación. La pregunta ya no es solo hasta dónde puede llegar. Es si, cuando el equipo cruce la línea de banda en Guadalajara, su propia afición creerá todavía en él.