Daniel Levy y el Tottenham: entre el abismo y la esperanza
Daniel Levy no se lo puede creer. El hombre que dirigió Tottenham durante casi un cuarto de siglo mira ahora desde fuera cómo el club que considera parte de su ADN se tambalea a dos puntos del descenso, con solo dos jornadas por disputarse. El escenario que nunca imaginó en agosto se ha convertido en una amenaza muy real en mayo.
El empate en casa ante Leeds el lunes dejó al equipo expuesto y con el agua al cuello. El punto no calmó a nadie en el norte de Londres: mantuvo a Spurs apenas por encima de la zona roja y, sobre todo, alimentó la fe de West Ham en que aún puede adelantar a su rival capitalino.
La ecuación es simple y brutal. Si West Ham derrota a Newcastle este fin de semana, Tottenham caerá a los puestos de descenso antes de visitar Stamford Bridge el próximo martes para enfrentarse a Chelsea en su penúltimo partido de la temporada. Un viaje al estadio donde casi siempre pierde, en el peor momento posible.
Un ex presidente herido… pero enganchado
Levy abandonó Tottenham en septiembre, en una destitución fulminante que sacudió al fútbol inglés. Después de casi 25 años como presidente ejecutivo, la familia Lewis, accionista mayoritaria del club, decidió que el balance deportivo no estaba a la altura de la inversión ni de las expectativas.
Meses después, el dirigente sigue pegado a la pantalla. En una rara entrevista concedida a Sky Sports, reconoció que continúa viendo “cada partido” y no ocultó lo que siente al ver al club en plena lucha por la permanencia.
“Estoy sintiendo el dolor, pero soy optimista de que saldremos de esta”, confesó Levy, que habló tras recibir una distinción en una ceremonia de investidura en el Castillo de Windsor. “Ha sido muy, muy difícil: Spurs está en mi sangre. Nunca habría imaginado esto al comienzo de la temporada.
“Obviamente, increíblemente decepcionado. Miremos hacia adelante y esperemos de verdad que la próxima temporada sigamos en la Premier League”.
La frase resume el giro dramático del club. Hace apenas un año, Tottenham terminó 17º bajo el mando de Levy, pero el foco no estaba en la liga: el club había apostado todo a la Europa League y relegó el campeonato a un segundo plano. Esta vez no hay coartadas. No hay distracciones europeas. Solo una mala temporada.
De Frank y Tudor al salvavidas De Zerbi
La apuesta en el banquillo ha salido cara. Thomas Frank primero, e Igor Tudor después, encadenaron una serie de resultados desastrosos que arrastraron al equipo al barro de la clasificación. Tottenham dejó de ser un aspirante a Europa para convertirse en un candidato real al descenso.
El giro llegó con Roberto De Zerbi. El técnico italiano ha inyectado algo de vida en un vestuario deprimido y, aunque el margen de error sigue siendo mínimo, los números recientes ofrecen una pizca de esperanza: ocho puntos en los últimos cuatro partidos. No es una racha espectacular, pero sí lo bastante sólida como para mantener al equipo con pulso en la recta final.
Tras la visita a Chelsea, Spurs recibirá a Everton en la última jornada. Todo apunta a un final de temporada a cara o cruz, con un duelo en el Tottenham Hotspur Stadium que podría decidir si el club evita un descenso histórico.
“Siempre soy optimista, rezo cada día para que sobrevivamos”, admitió Levy. La palabra “sobrevivir” no es casual. Tottenham, acostumbrado a pelear por plazas europeas, se agarra ahora a la categoría como a un salvavidas.
Chelsea, el viejo fantasma de Stamford Bridge
Levy conoce demasiado bien el peso de la historia. Tottenham casi nunca sale vivo de Stamford Bridge. Él mismo estuvo en la grada para presenciar la mayoría de esas derrotas. El dato es demoledor: solo una victoria liguera a domicilio ante Chelsea en los últimos 36 años.
“Siempre es duro, nunca ha sido un buen lugar para nosotros”, reconoció. “Esperemos que este año sea diferente”.
No es solo un tópico. El calendario ha colocado a Spurs ante uno de sus campos malditos en el momento de mayor fragilidad. Un mal resultado en el oeste de Londres podría obligar al equipo de De Zerbi a jugarse la permanencia en 90 minutos finales contra un Everton igualmente desesperado.
El legado, los sueños y un príncipe ‘villano’
Levy también tuvo tiempo para mirar atrás. En declaraciones a Press Association, fue claro al repasar lo que se le quedó pendiente en el club al que dio casi 25 años de su vida.
“Lo que me habría gustado es ganar la Premier League, ganar la Champions League… más fácil decirlo que hacerlo”, admitió. El sueño máximo nunca llegó. En su lugar, una era marcada por la construcción de un estadio de élite, estabilidad económica y varios proyectos deportivos que se quedaron a medio camino.
Su labor fuera del césped, sin embargo, sí tuvo reconocimiento institucional. El miércoles fue nombrado CBE por el Príncipe de Gales por sus servicios a la caridad y a la comunidad en Tottenham, en ámbitos como educación, salud, inclusión social y la creación de empleo vinculada a la construcción del estadio.
En Windsor, la conversación también giró hacia el drama liguero. Levy reveló que habló con el Príncipe William, declarado aficionado de Aston Villa, sobre la situación actual de Spurs.
“Le di las gracias por permitirnos (Tottenham) ganar a Aston Villa cuando jugamos contra ellos hace unas semanas”, bromeó. “Nos deseó suerte para el resto de la temporada, esperando mucho que Tottenham sobreviva en la Premier League”.
El chascarrillo con un seguidor de Aston Villa en la realeza no esconde la realidad: Tottenham se juega su estatus en la élite inglesa en dos partidos. Un club diseñado para mirar a la Champions mira ahora, con miedo, al Championship.
Levy ya no toma decisiones en el palco, pero su frase resuena como la de cualquier hincha: “Spurs está en mi sangre”. La pregunta es si ese pulso, el del club y el de su antigua era, aguantará el golpe de una temporada que ha llevado a Tottenham hasta el borde del precipicio.






