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Kevin Keegan revela su lucha contra el cáncer en fase cuatro

Kevin Keegan, uno de los grandes iconos del fútbol inglés, afronta el partido más duro de su vida. El exentrenador de Newcastle, Manchester City y de la selección de Inglaterra desveló el fin de semana, durante un acto público en Newcastle, que padece cáncer en fase cuatro.

La noticia, adelantada en enero cuando se anunció que iba a iniciar tratamiento oncológico, ya había sacudido al fútbol británico. Entonces, Newcastle hizo pública una declaración del propio Keegan y de su familia, que desató una oleada de apoyo desde todos los rincones del juego. Ahora, el técnico ha dado un paso más y ha puesto nombre y estadio a la batalla.

Un anuncio crudo, contado con humor

Keegan reapareció en el Tyne Theatre para una velada de recuerdos sobre su carrera. Antes del acto, en un breve vídeo, se le veía animado. Sobre el escenario, mantuvo ese tono, pero no esquivó la realidad. Ante los aficionados, confirmó que su enfermedad está en fase cuatro, el grado más avanzado.

Según recoge The Mail, así relató su encuentro con el especialista que le trata: “Dijeron que tenían a un gran médico con una nueva forma de luchar contra lo que tengo. Que es cáncer en fase cuatro. Era seguidor del Liverpool, así que fui a verle. Sabía que no iba a caminar solo, si sabéis a lo que me refiero”.

Fiel a su estilo, Keegan recurrió al humor incluso al hablar de porcentajes de supervivencia, como si analizara un delantero en racha o una estadística de vestuario.

“Le dije: ‘¡Fantástico! ¿Cuál es tu porcentaje de acierto?’. Y él respondió: ‘33 por ciento’. Ah. Pensé que diría 80, quizá 90. De todos modos, sigo aquí de momento…”.

El público respondió con una mezcla de risas y silencio respetuoso. Era el Keegan de siempre, el que convertía la tensión en cercanía, incluso cuando el rival es el más temible.

El deseo de volver a casa

Entre anécdotas y confesiones, el exentrenador dejó clara una idea que le ronda la cabeza: quiere volver a St James’ Park. No como técnico, no como figura institucional. Simplemente, como Kevin Keegan, para saludar a la grada que lo elevó a la categoría de mito.

Habiendo dirigido al club en dos etapas, explicó que desea tener la oportunidad de despedirse del estadio y de su gente, algo que siente que le quedó pendiente desde su abrupta salida en 2008.

“Quiero decir adiós. No tuve la oportunidad cuando dejé el club la última vez”, confesó ante los asistentes.

Para cualquier otro, sería un gesto simbólico. Para Keegan, que transformó a Newcastle en los años noventa en uno de los equipos más atractivos de Europa, sería cerrar un círculo emocional que lleva casi dos décadas abierto.

Una leyenda que rehúye las estatuas

Keegan no solo dejó huella en los banquillos. Como futbolista, firmó una carrera deslumbrante: dos Balones de Oro, etapas memorables con el Liverpool y el propio Newcastle, y un impacto enorme en la selección inglesa. Con la camiseta de las Urracas disputó 85 partidos antes de regresar como entrenador en 1992.

En el banquillo de St James’ Park dirigió 251 encuentros y ganó más de la mitad. Estuvo a un paso de conquistar la Premier League con aquel Newcastle ofensivo y romántico que marcó a toda una generación. Volvió brevemente en 2008 para una segunda etapa mucho más convulsa.

Con ese currículum, su figura suele aparecer cada vez que se habla de símbolos del club. Pero Keegan se resiste a ser inmortalizado en bronce.

“No tendréis estatua hasta que muera. Mi estatua es la forma en que la gente me recibe”, afirmó, con la misma mezcla de ironía y ternura que ha definido toda su relación con la grada.

En el fondo, su mensaje es claro: lo que más le importa no es una placa ni un pedestal, sino ese último aplauso en St James’ Park. Ese paseo hasta el círculo central. Ese gesto de mano alzada hacia las tribunas que un día rugieron con su nombre.

Si la salud se lo permite, ese será el próximo gran momento de Kevin Keegan. Y Newcastle, que tantas veces vibró con sus equipos, tendrá la oportunidad de devolverle el cariño, esta vez en el partido más personal de todos.