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El legado de Nobby Stiles y el daño cerebral en el fútbol

El fútbol inglés vuelve a mirarse al espejo. Y esta vez lo hace a través de la figura de uno de sus campeones del mundo: Nobby Stiles. Un tribunal ha escuchado que el excentrocampista de Inglaterra y de Manchester United murió con una lesión cerebral traumática, y el forense ha ordenado que se celebre una investigación formal sobre su fallecimiento.

Stiles, que murió en 2020 a los 78 años, padecía encefalopatía traumática crónica (CTE), una enfermedad degenerativa del cerebro asociada a golpes repetidos en la cabeza, como los producidos al rematar de cabeza un balón. El diagnóstico lo firmó un especialista tras revisar su historial médico, según explicó Chris Morris, forense de área para Greater Manchester South.

La consecuencia es contundente: habrá una investigación completa sobre las circunstancias de su muerte.

Un campeón del 66 atrapado por el debate moderno

Norbert “Nobby” Stiles, nacido en Manchester en 1942, fue mucho más que una pieza de aquel mítico equipo de 1966. Era el mediocentro defensivo duro, combativo, el que barría por detrás para que otros lucieran. Jugó casi 400 partidos con Manchester United y fue internacional 28 veces con Inglaterra.

Su familia lleva años alzando la voz. Reclama que las autoridades del fútbol hagan más por los exjugadores que, como Stiles, han sufrido problemas neurológicos que atribuyen a los impactos acumulados durante su carrera profesional.

Lo que ha sorprendido al propio forense es que la muerte de Stiles no se remitiera en su momento a la oficina del forense para ser investigada. Chris Morris dijo ante el tribunal de Stockport que, “por razones que no me quedan del todo claras”, el caso solo llegó a sus manos tras la información aportada por la familia del exfutbolista.

Una vez revisado el material clínico, el cuadro resultó devastador: CTE en fase avanzada, acompañado de lo que se describió como “stage three limbic predominant age related TDP-43” y enfermedad cerebrovascular de pequeños vasos. Un cóctel letal.

“Sobre la base de esa causa de muerte, en particular por la inclusión de una lesión traumática, estoy satisfecho de que es necesaria una investigación sobre la triste muerte del señor Stiles”, declaró Morris.

La vista completa se celebrará este miércoles en el mismo tribunal.

Familias unidas contra las instituciones

El nombre de Nobby Stiles no aparece solo. Su hijo, John Stiles, lidera el grupo Football Families for Justice (FFJ), que presiona a las autoridades del fútbol para que aumenten la protección y el apoyo a los exjugadores afectados por daños cerebrales.

Él y decenas de exfutbolistas y familiares han llevado el conflicto a los tribunales. Están demandando a The Football Association, a la Football Association of Wales y a la English Football League, a las que acusan de “negligencia e incumplimiento de su deber de cuidado” hacia los jugadores.

Los abogados de los demandantes sostienen que los organismos rectores del fútbol sabían, o debían haber sabido, que rematar de cabeza de forma repetida en entrenamientos y partidos era probable que causara lesiones cerebrales, y que esos riesgos se conocían desde hace décadas.

Del otro lado del campo, la respuesta institucional se mantiene firme. En marzo, los abogados de The Football Association dijeron ante el High Court que “no ha sido establecido por la ciencia” que el hecho de cabecear el balón o sufrir una conmoción “ocasional” derive en un daño cerebral permanente.

Ahí está el choque. Ciencia, responsabilidad y memoria histórica, todos en la misma disputa.

Un patrón que inquieta al fútbol

El caso de Stiles no es aislado. En enero, una investigación sobre la muerte de Gordon McQueen, exdefensa de Scotland, Manchester United y Leeds United, concluyó que el hecho de rematar de cabeza fue “probablemente” un factor que contribuyó a la lesión cerebral que intervino en su fallecimiento a los 70 años.

Cada nuevo veredicto, cada nueva autopsia, va dibujando un patrón que el fútbol ya no puede ignorar con facilidad. La imagen de los centrales y mediocentros de los años 60, 70 u 80 despejando una y otra vez balones pesados y empapados de lluvia adquiere ahora un matiz inquietante.

La investigación sobre la muerte de Nobby Stiles no solo examinará un certificado de defunción. Pone bajo la lupa décadas de prácticas asumidas como parte del juego. Y abre de nuevo una pregunta incómoda para el deporte que él ayudó a llevar a la cima: ¿cuánto está dispuesto el fútbol a cambiar para proteger a quienes lo hicieron grande?