Luka Modric alcanza 200 partidos internacionales con Croacia
En una noche cargada de nervios y ajedrez táctico, el foco volvió a caer donde parece haberse instalado desde hace más de una década: en Luka Modric. El capitán eterno de Croacia alcanzó las 200 internacionalidades absolutas, un territorio casi mitológico en el fútbol masculino, al que solo habían llegado antes Cristiano Ronaldo, Lionel Messi y el kuwaití Bader al-Mutawa.
No hubo grandes fuegos artificiales, pero sí un reconocimiento a la altura del hito. Zlatko Dalic, consciente de que está dirigiendo a una leyenda en tiempo real, no escatimó elogios al finalizar el encuentro: “Sigue influyendo en los partidos y jugar 200 veces para tu país, eso es mucho. Tenemos que estar muy contentos de tenerlo en el equipo. Luka es muy humilde y por eso no es de grandes celebraciones. Pero estoy muy contento de que lo hayamos marcado hoy delante de nuestros aficionados”. Sobre el césped, sus compañeros se enfundaron camisetas negras con el lema “Infinite Legacy” y el número 200. El mensaje era claro: el tiempo pasa, Modric no.
Un muro llamado Panamá y el giro de Dalic
Durante 45 minutos, sin embargo, el guion fue mucho menos romántico para Croacia. Panamá se plantó en Toronto con un 5-4-1 férreo, concentrado, casi obsesivo en su disciplina defensiva. Cerró líneas, hundió a los interiores croatas y redujo al mínimo los espacios entre centrales y mediocentros. El resultado: una primera parte espesa, de ataques croatas previsibles y pocas líneas de pase limpias.
Dalic leyó el problema y decidió romper la baraja en el descanso. Entró Ante Budimir para darle peso al área, fijar centrales y ofrecer un punto de referencia claro. El cambio alteró la geometría del partido. Y el partido respondió.
En el minuto 54, la jugada que cambió la noche: Marco Pasalic tiró de imaginación con un taconazo sutil hacia Josip Stanisic. El lateral atacó el espacio por la derecha y puso un centro raso, tenso, al segundo palo. Allí apareció Budimir, el máximo goleador histórico de Osasuna, para guiar el balón a la red con una calma casi insultante. Gol. Y liberación.
La atmósfera en Toronto se transformó en segundos. La grada croata, que había sufrido en silencio durante buena parte del encuentro, explotó en un rugido que pareció empujar al equipo hacia adelante.
Ocasiones perdonadas y una campaña reanimada
El tanto no solo abrió el marcador, también desató a Croacia. Pasalic, protagonista en el gol, tuvo en sus botas el 2-0 poco después. Se plantó mano a mano ante Orlando Mosquera, pero el guardameta panameño ganó el duelo. El croata cazó el rebote y, con todo a favor, mandó el disparo por encima del larguero. Un suspiro colectivo recorrió la grada.
Croacia no logró ampliar la ventaja, pero ya era otro equipo. La apuesta de Dalic al descanso se confirmó como la decisión que necesitaba una selección herida tras la derrota inicial ante England. Con Budimir fijando, Modric mandando y Pasalic atacando espacios, el conjunto balcánico encontró por fin un plan reconocible y, sobre todo, efectivo.
El 1-0 bastó para devolverles el pulso competitivo y, de paso, reabrir de par en par el grupo.
Panamá se despide con orgullo, pero sin gol
Para Panamá, la derrota supone el final de su camino hacia 2026. El equipo de Thomas Christiansen se marcha con la sensación de haber competido, pero con una losa evidente: la falta de gol. Ya en la primera parte, José Luis Rodríguez rozó el tanto con un cabezazo que Dominik Livakovic desvió lo justo para que el balón se estrellara en la parte inferior del larguero. Fue la imagen perfecta de su torneo: cerca, pero no lo suficiente.
Christiansen, pese a la eliminación, defendió a los suyos con firmeza: “Jugaron con ese hambre, con esa dedicación, con ese espíritu. Eso es lo que queríamos del equipo. Estoy súper orgulloso de ellos. Ellos [Croacia] pusieron dos tiros a puerta y marcaron uno”. El dato dolía, pero explicaba bien la historia: eficacia europea frente a falta de pegada panameña.
Los Canaleros apretaron hasta el final. Siete saques de esquina, varias intervenciones de mérito de Livakovic y un tramo final de asedio desordenado pero valiente. Lo que no encontraron fue la frialdad en el área que exige un torneo de este nivel. Y eso, al final, les condenó. Dos partidos, cero puntos y un último duelo ante England sin nada en juego más allá del orgullo.
Un grupo al rojo vivo y un viejo capitán que no se rinde
El triunfo croata deja el Grupo L en ebullición antes de la última jornada. El 0-0 entre England y Ghana horas antes había comprimido la tabla: ingleses y ghaneses con cuatro puntos, Croacia ahora a un solo paso con tres. Las cuentas son claras. Si Croacia vence a Ghana en Philadelphia, estará en los octavos de final. England solo necesita no perder ante la ya eliminada Panamá para asegurar su billete.
La presión existe, y en el vestuario croata nadie lo esconde. Pasalic lo reconoció sin rodeos: “Éramos bastante conscientes de nuestra calidad y de la situación en la que estábamos. Lo que no hicimos en la primera parte, lo hicimos en la segunda. Nos hemos quitado un peso de encima y ahora podemos seguir adelante.”
Seguir adelante. Con un grupo que vuelve a creer, con un plan que ha demostrado funcionar y con un capitán de 40 años que se niega a aceptar el calendario como sentencia. Modric ya ha inscrito su nombre en el club de las 200 internacionalidades. La pregunta, a estas alturas, es otra: ¿hasta dónde puede estirar Croacia esta “Infinite Legacy” en la fase eliminatoria?






