Italia busca un capitán: Paolo Maldini y Antonio Conte al mando
Italia vuelve a mirar a sus viejos tótems para reconstruirse. En los despachos de la Federación se impone una idea clara: hace falta un capitán para todo el área técnica, alguien que marque una línea desde la élite hasta el último escalón del fútbol base. El nombre es uno solo, pesado, casi inevitable: Paolo Maldini.
El ex símbolo del Milan está en el centro de las reflexiones. El proyecto que se perfila le daría poder total sobre el área técnica y los sectores juveniles, un papel amplio, casi a la inglesa, para redibujar el futuro azzurro desde la raíz. No se trata de una simple figura decorativa o de embajador: sería el arquitecto del nuevo ciclo.
En paralelo, la selección también prepara el banquillo. Antonio Conte tiene sobre la mesa una propuesta de cuatro años, pensada para acompañar todo el camino hasta el próximo Mundial. Un compromiso largo, de proyecto, para un técnico que vive de intensidad y estructura. La idea es clara: blindar el liderazgo en el campo y en la banda, y devolver a Italia una identidad reconocible después de demasiados golpes y ausencias ilustres en los grandes torneos.
La herida del último Mundial duele todavía. Y es precisamente desde ese vacío desde donde nace la urgencia de una figura como Maldini y de un contrato fuerte para Conte. Italia quiere dejar de mirarlo por televisión.
Vinicius desata a Brasil, Ancelotti vuela: goleada a Escocia
Brasil necesitaba un golpe de autoridad. Lo encontró en los pies de Vinicius, la gran estrella de Carlo Ancelotti, que firmó un doblete para encarrilar una victoria contundente ante Escocia. El equipo brasileño se impuso con claridad, se colocó primero y mandó un mensaje alto y claro.
Vinicius abrió y remató la faena, con ese punto de desequilibrio que le ha convertido en referencia absoluta. El tercer tanto llevó la firma de Cunha, que aprovechó el vendaval ofensivo para sumarse a la fiesta. El partido tenía otro foco de atención: Neymar. El astro reapareció, entró desde el banquillo y volvió a sentir el césped con la camiseta de la selección, un detalle que alimenta las expectativas de cara a los próximos compromisos.
Brasil dominó, golpeó cuando quiso y confirmó jerarquía. En un torneo plagado de trampas, la selección de Ancelotti se coloca en la ruta que quería: arriba, mirando a todos desde lo más alto.
Marruecos cumple, pero se queda segundo; Suiza manda, Canadá resiste
Marruecos hizo los deberes ante Haití, pero no le alcanzó para el liderato. Victoria, sí, pero con un sabor agridulce: el equipo magrebí se queda segundo y tendrá un camino más empinado en la fase siguiente. En este tipo de torneos, la diferencia entre ser primero o segundo se paga más adelante.
Quien no falló fue Suiza. Los helvéticos se impusieron a Canadá y cerraron su grupo en lo más alto. Orden, solidez y la sensación de un equipo que conoce sus límites y sus virtudes. Canadá, pese a la derrota, avanzó con cuatro puntos. Suficiente para seguir vivo y para alimentar la sensación de que este ciclo canadiense ha llegado para quedarse en la escena internacional.
En un cuadro donde Italia solo puede mirar desde fuera, cada clasificación ajena se lee también como una oportunidad perdida. Pero los que están, compiten. Y Suiza, discreta pero firme, ya ha levantado la mano.
Klopp disfruta del caos: demasiados partidos, pero un gran espectáculo
Jürgen Klopp lo ve claro: el calendario aprieta, exprime a los jugadores, pero el espectáculo sigue siendo poderoso. El técnico alemán ha puesto el foco en el exceso de partidos, una queja recurrente en la élite, sin dejar de reconocer que el torneo ofrece un fútbol vibrante.
En este escenario, dos selecciones se han colado en la conversación grande: Noruega y Japón. Ambas irrumpen como sorpresas agradables, con propuestas valientes y jugadores que empiezan a hacerse un nombre en la escena mundial. Cuando las grandes potencias miran a largo plazo, estos equipos se atreven a competir sin complejos.
Demasiado fútbol, sí. Pero, por ahora, el público no aparta la mirada. Y Klopp, crítico con el calendario, sigue enganchado al espectáculo. Como todos.






