Mundial 2026: Decisiones Controversiales de Tuchel en Inglaterra
Cuando arranque el Mundial el 11 de junio habrá pasado un año y un día desde la última vez que Ivan Toney se puso la camiseta de Inglaterra. Dos minutos, nada más, en una derrota preocupante ante Senegal en el City Ground del Nottingham Forest. Desde entonces, ni una sola convocatoria. Silencio absoluto.
Y, de pronto, Thomas Tuchel gira el timón y rescata al delantero de Al-Ahli como uno de los suplentes de Harry Kane. En un Mundial, nada menos.
El peso de los números ha terminado derribando la puerta: más de 40 goles en Arabia Saudí son demasiados como para seguir mirando hacia otro lado, por mucho que el seleccionador lo haya hecho durante doce meses. Toney, además, ha insistido en que su cuerpo llega mejor aclimatado al calor abrasador de Norteamérica que el de muchos de sus compañeros. Argumento deportivo y argumento climático. Suficiente para ganarse un billete que hace medio año parecía imposible.
El terremoto en el puesto de ‘10’
Donde se intuía una decisión grande era en la mediapunta. Tuchel tenía que elegir entre una generación de talentos que en cualquier otra época habrían sido titulares indiscutibles.
Morgan Rogers tenía prácticamente la plaza asegurada. Jude Bellingham, por su jerarquía y versatilidad, también. Quedaban, entonces, Eberechi Eze, Cole Palmer, Phil Foden y Morgan Gibbs-White peleando por los últimos huecos.
Que Gibbs-White se quedara fuera no sorprende tanto: llevaba meses señalado como el tapado con menos opciones pese a su gran momento de forma. El auténtico seísmo llega con las ausencias de Palmer y Foden. Dos nombres pesados. Dos ausencias que incendiaron las redes y dejaron a los aficionados boquiabiertos.
Sin embargo, el contexto les juega en contra. La temporada de Palmer se ha roto a golpes de lesión; apenas ha tenido continuidad, casi no ha contado para Inglaterra desde la Eurocopa 2024 y solo ahora empieza a parecerse de nuevo al jugador que deslumbró en sus dos primeras campañas con Chelsea. Foden, por su parte, arrastra un bajón prolongado con club y selección que se remonta a aquella Eurocopa de hace dos años, cuando su rendimiento gris alimentó el debate sobre su titularidad. Eze emerge como el único superviviente en la zona de tres cuartos tras un curso de debut con Arsenal tan prometedor como irregular.
Las críticas a Tuchel se centran, inevitablemente, en la capacidad de impacto desde el banquillo. Cuesta entender que Gibbs-White, Palmer y Foden vean el torneo desde casa mientras otros jugadores con menos chispa ofensiva sí viajan. El técnico, no obstante, fue claro al explicar su criterio con los mediapuntas: no quería “cinco números 10” obligados a rendir fuera de sitio. Prefiere equilibrio a acumulación de talento desordenado. Y está dispuesto a pagar el precio mediático de esa apuesta.
Mainoo, de descartado a ganador silencioso
Pocos giros de guion tan radicales como el de Kobbie Mainoo. A mitad de temporada su presencia en la lista para el Mundial parecía una quimera. Ruben Amorim, entonces técnico del Manchester United, lo había borrado del mapa convencido de que no encajaba en su sistema con defensa de tres. Mainoo incluso valoró salir en enero.
Aguantó. Y el tiempo le dio la razón.
Con la llegada de Michael Carrick como entrenador interino, el canterano de 21 años regresó directo al once. Su rendimiento sólido en el centro del campo le valió un nuevo contrato y ayudó al United a remontar el vuelo hasta regresar a la Champions League en una segunda vuelta muy distinta a la primera.
Ese tramo final le ha permitido ganar la carrera por la última plaza en el mediocampo de Tuchel, por delante de Adam Wharton y James Garner. No parte por delante de Declan Rice ni de Elliot Anderson, pero ya está dentro del grupo. Y eso, viendo de dónde venía, es una victoria enorme.
El portazo definitivo a Alexander-Arnold
La historia de Trent Alexander-Arnold con esta Inglaterra parece haber llegado a su capítulo más crudo. Las señales estaban ahí desde hacía tiempo, pero su ausencia duele igual, quizá más, porque las lesiones ajenas parecían abrirle una rendija.
Tuchel no se la ha concedido. Vuelve a dejar fuera al lateral de Real Madrid y apuesta por Djed Spence, de Tottenham, prolongando así la decisión ya muy significativa de no incluir a Alexander-Arnold ni siquiera en la lista ampliada de 35 para la ventana de marzo.
El resultado es un final amargo a una primera temporada decepcionante en Madrid para un jugador que dejó Liverpool con la ambición declarada de entrar en la conversación por el Balón de Oro. Hoy, tras otro desplante del seleccionador —pese a las bajas de Ben White y a que Tino Livramento llegará justo físicamente—, su futuro internacional queda en el aire mientras Tuchel siga mandando. Lleva casi un año sin vestir la camiseta de su país.
Desde el banquillo, la decisión también abre un debate serio. El inglés de Real Madrid ofrece un repertorio de pases único para romper defensas cerradas, un arma de valor incalculable en torneos cortos. Pero sus debilidades defensivas vuelven a pesar más que su talento con el balón. Tuchel ha sido coherente con su visión. El tiempo dirá si también ha sido prudente.
Chelsea, el gran beneficiado en la sombra
Entre tanta polémica, hay un entrenador de club que sonríe en silencio: Xabi Alonso. El nuevo técnico de Chelsea arrancará el 1 de julio en Cobham con casi toda su colonia inglesa a su disposición para una pretemporada completa.
Reece James es el único jugador de Chelsea convocado por Inglaterra. Palmer se queda fuera, igual que Levi Colwill y el outsider Trevoh Chalobah. Un alivio para Alonso, sobre todo teniendo en cuenta el historial de lesiones de Palmer y que Colwill acaba de reaparecer tras perderse casi toda la campaña por una rotura de ligamento cruzado.
Sumando las ausencias en Brasil —Joao Pedro, Andrey Santos y Estevao no han entrado en los planes de Carlo Ancelotti—, todo apunta a que solo James, Marc Cucurella, Jorrel Hato, Enzo Fernández, Moisés Caicedo, Pedro Neto y Nicolas Jackson viajarán al Mundial. Un verano inesperadamente tranquilo en Stamford Bridge.
Maguire, del renacer a la humillación pública
Harry Maguire estaba convencido de que su billete al Mundial estaba sellado. Su regreso a la selección en el último parón y su buen tramo final de temporada con Manchester United alimentaban esa sensación. Tuchel ha demostrado que no compartía esa lectura.
El central se queda fuera. El técnico alemán ya había avisado en marzo: Maguire seguía lejos en su lista de preferencias y “no había cambiado de opinión” sobre un zaguero al que muchos ven como un perfil de otra época. Se ha hablado de su ego, de su poca disposición a aceptar un rol secundario. También de las dudas del seleccionador sobre su capacidad para iniciar el juego desde atrás.
La reacción del propio jugador, y de parte de su entorno, llegó antes incluso del anuncio oficial. Maguire publicó que estaba “confiado” en poder haber tenido “un papel importante este verano” y se declaró “en shock y destrozado” por la decisión. Un mensaje que, de rebote, refuerza la idea de Tuchel de que su encaje en este grupo no era tan sencillo como parecía desde fuera.
Nico O’Reilly, de revelación a titular en un Mundial
Pocas historias resumen mejor la temporada inglesa que la de Nico O’Reilly. Con 21 años, el jugador de Manchester City se ha convertido en la gran irrupción del curso 2025-26: 15 participaciones de gol desde el lateral izquierdo de la defensa, una cifra descomunal para su posición.
Ahora se encamina hacia el Mundial como titular en ese costado.
La sorpresa se agranda con las ausencias de Lewis Hall y Myles Lewis-Skelly. Todo apuntaba a que al menos uno de los dos acompañaría a O’Reilly para competirle el puesto. Tuchel ha elegido otro camino: confiar el carril a un solo especialista y dejar que Spence, diestro y más cómodo en la banda opuesta, sea el comodín.
La apuesta tiene riesgo. O’Reilly es, en realidad, centrocampista reconvertido. En la lista no hay un lateral izquierdo puro y natural. El seleccionador asume el vértigo de esa decisión convencido de que el talento del jugador de City compensará cualquier carencia de oficio en la banda. Si sale bien, se hablará de valentía. Si sale mal, se recordará esta lista como una temeridad innecesaria.
Una selección a imagen de Tuchel… y un juicio pendiente
Desde el primer día, Tuchel dejó claro que estaba dispuesto a tomar decisiones impopulares para moldear una Inglaterra a su gusto, una selección con la que, según su visión, se puede ganar un Mundial. La pregunta ahora es evidente: ¿ha cruzado una línea?
Con perspectiva, el técnico puede acabar siendo el gran ganador de este ejercicio de autoridad. Si Inglaterra alcanza, como mínimo, las semifinales, el relato hablará de un seleccionador firme, sin miedo a los nombres ni al ruido exterior. Pero cualquier tropiezo por debajo de ese listón será interpretado como fracaso. Y muchos señalarán este anuncio de los 26 elegidos como el momento exacto en el que empezó a torcerse todo.
El once tipo está claro, el núcleo duro de la plantilla ofrece garantías. El problema aparece cuando se mira al banquillo. La ausencia de Jarrod Bowen, Palmer, Alexander-Arnold, Gibbs-White, Wharton y Maguire deja una sensación de fondo de armario corto, de falta de revulsivos capaces de cambiar partidos cerrados. Jordan Henderson, Spence o Noni Madueke no generan la misma confianza en la grada.
Tuchel, sin embargo, ha ganado algo que valora tanto como el talento: claridad. No habrá debates eternos sobre si Palmer debe ser titular, sobre si hay que sentar a Foden, sobre dónde encajar a Alexander-Arnold. No habrá ruido alrededor del sistema. Habrá, eso sí, una certeza: este Mundial, para bien o para mal, va a definir para siempre el legado de Thomas Tuchel en el banquillo de Inglaterra.






