Paulo Dybala y su vínculo con Mourinho en la Roma
Paulo Dybala, corazón de la Roma actual y a un paso de firmar su renovación, abrió una ventana íntima a su presente en la capital italiana y a la figura que lo llevó allí: José Mourinho. Lo hizo en una charla distendida con el youtuber Davoo, recogida por Corriere dello Sport, pero el contenido tuvo el peso de una gran entrevista.
Mourinho, el arquitecto de su llegada
Para Dybala, el paso de Mourinho por Roma dejó algo más que un trofeo y una identidad competitiva. Dejó una huella emocional. El argentino no dudó en ponerle palabras:
“Mourinho es un genio y una gran persona. Siempre nos habló con respeto, se ocupó de nosotros, nos quiso, y en Roma la gente se enamoró de él por lo que dio. Gracias a él llegué a la capital”.
No es una frase ligera. Resume una relación de confianza que cambió el rumbo de su carrera. Dybala aterrizó en Roma tras su etapa en la Juventus y encontró en Mourinho un técnico que no solo lo potenció en el campo, también lo arropó fuera de él. Esa combinación explica por qué el vínculo entre el argentino, el entrenador portugués y la afición romanista sigue tan vivo, incluso después de la salida del técnico.
El Ayanoui, del Mundial a Trigoria
En la entrevista, Dybala también se detuvo en uno de los nombres emergentes del vestuario de la Roma: El Ayanoui, compañero de equipo y pieza importante de Marruecos durante el Mundial.
“Está haciendo un gran Mundial, lo estoy siguiendo. Y en la Roma, además de decir que es un jugador fuerte, también es un buen chico”.
No hay adornos. El elogio es directo y doble: rendimiento y carácter. Para un vestuario que busca consolidar un proyecto competitivo a largo plazo, que una figura del peso de Dybala subraye tanto la calidad futbolística como la humana de El Ayanoui no es un detalle menor. Habla de un jugador que se gana el respeto en el césped y en el día a día.
La herida abierta de Budapest
El tono cambió cuando la conversación viajó a Budapest. La final de la Europa League perdida ante Sevilla sigue siendo una cicatriz que Dybala no esconde. Aquella noche marcada por la polémica actuación del árbitro Anthony Taylor todavía quema.
“Es verdad, la mano fue absurda, pero no fue lo único que pasó durante el partido. Hubo varios momentos en los que el árbitro pitó cosas extrañas: no sacó ninguna tarjeta, fue muy permisivo con algunos jugadores del Sevilla. Y luego esa mano habría reescrito el resultado final si hubiera cobrado el penalti. Me dolió mucho perder esa final”.
No se trata solo de una acción puntual. Dybala dibuja una secuencia: decisiones “extrañas”, ausencia de tarjetas, criterio laxo con el rival y, como punto de ruptura, esa mano que pudo cambiar la historia del partido. La frustración no se ha diluido con el tiempo. Se percibe en cada frase.
Para un futbolista que ha levantado títulos europeos, esa final representaba algo más que otra oportunidad. Era la ocasión de inscribir a la Roma en una página distinta del fútbol continental. La sensación de injusticia, de que el partido se le escapó al equipo no solo por méritos deportivos sino por decisiones arbitrales discutidas, explica la intensidad con la que Dybala revive el episodio.
Presente romano, cuentas pendientes
Mientras la renovación con la Roma se cocina a fuego lento pero firme, Dybala se mueve entre gratitud y revancha. Agradecido a Mourinho por abrirle la puerta de la capital. Orgulloso de un vestuario en el que figuras como El Ayanoui irrumpen con fuerza. Marcado, todavía, por una final europea que siente que se les arrebató.
La pregunta ya no es qué pasó en Budapest. La verdadera incógnita es si esta Roma, con Dybala como estandarte, tendrá otra oportunidad para ajustar cuentas con Europa.






