Logotipo completo Pelota Firme

Shea Charles impulsa a Southampton a Wembley tras remontada agónica

El escándalo seguirá vivo. Y lo hará bajo los focos de Wembley. Un centro envenenado de Shea Charles en la prórroga, más intento de centro que disparo, selló una remontada feroz de Southampton ante Middlesbrough (2-1) y metió a los Saints en la final del play-off de Championship, donde les espera Hull el sábado 23 de mayo.

Un clima hostil, una semifinal al rojo vivo

La noche en St Mary’s no era una noche cualquiera. Southampton arrancó el día pidiendo tiempo para realizar una revisión interna tras ser acusado de vulnerar la normativa de la EFL en el ya bautizado ‘spygate’, el supuesto espionaje a una sesión de entrenamiento de Middlesbrough antes del 0-0 de la ida en Teesside.

El ambiente lo decía todo. El autobús de Boro fue recibido con proyectiles a su llegada al estadio, mientras en la grada visitante se desplegaba una pancarta contundente: “20 game cheating run”, un dardo directo a la racha de 20 partidos sin perder de los Saints en Championship desde enero, teñida ahora de sospecha.

Y el guion pareció torcerse de inmediato.

Gol tempranero y bronca en la banda

Middlesbrough salió disparado, igual que en la ida. Apenas habían pasado cinco minutos cuando Callum Brittain recibió con espacio en la derecha y puso un centro raso y tenso al corazón del área. Riley McGree llegó de cara, golpeó de primeras y colocó el balón ajustado al palo izquierdo. Estalló el fondo visitante. Silencio y nervios en el resto del estadio.

Southampton tardó poco en generar la primera gran ocasión para equilibrar. En el minuto 12, Ryan Manning colgó un balón medido y Ross Stewart, solo a seis metros, enganchó una volea que se marchó fuera por poco. El delantero, titular tras uno de los tres cambios respecto al partido del fin de semana, se llevaba las manos a la cabeza. No sería la última vez que su nombre marcaría la noche.

Stewart reclamó después un penalti por un agarrón de Brittain en el área. La tensión subió un grado más cuando el colegiado Andrew Madley llamó a los banquillos tras una conversación con Luke Ayling. Kim Hellberg y Tonda Eckert, técnicos de ambos equipos, tuvieron que ser separados en la zona técnica en pleno intercambio de reproches. La semifinal se jugaba también en la línea de cal.

El cabezazo que cambió el partido

Southampton empujaba, sin terminar de encontrar claridad. Middlesbrough se sentía cómodo defendiendo bajo, esperando la transición que matara la eliminatoria. Pero justo cuando el primer tiempo agonizaba, llegó el golpe psicológico.

En el primer minuto del añadido, Leo Scienza fue derribado por Brittain. James Bree ejecutó la falta y colgó el balón al área. Manning apareció para volear, Sol Brynn rechazó como pudo hacia arriba y, en el barullo, Stewart se elevó por encima de todos para cabecear a la red. Gol, rugido, y la eliminatoria vuelta a cero.

En el descanso, una leyenda local, Matt Le Tissier, encendió todavía más el ambiente con un mensaje de ánimo a la afición en una entrevista a pie de campo, en la que acusó a Madley de querer ser el centro de atención. No ayudó a calmar los ánimos.

Penaltis reclamados, postes y nervios

La segunda parte fue una batalla de nervios. Madley desestimó dos penaltis que levantaron protestas en ambos lados: primero por una posible mano de Kuryu Matsuki en el área de Southampton, luego por un posible derribo de Ayling sobre Scienza. Nada. Siga, siga.

Southampton rozó el 2-1 cuando un disparo de Manning, desviado por un defensor, besó la base del poste derecho de Brynn. El murmullo en St Mary’s se convirtió en un lamento colectivo. El partido empezaba a oler a prórroga.

El pulso se tensó aún más cuando Aidan Morris protagonizó un nuevo conato de tangana al intentar arrebatar el balón a un recogepelotas. El público estalló. La semifinal se jugaba a cada detalle, a cada roce.

En el tramo final del tiempo reglamentario, el recién ingresado Cyle Larin tuvo la victoria en sus botas. Controló, encaró, remató. Brynn respondió. Entre el rechace y el contacto, quedó también la duda de un posible penalti. De nuevo, el árbitro negó el punto fatídico.

No hubo forma. 90 minutos no bastaron. La prórroga se hizo inevitable.

Una prórroga tensa, un centro que vale una final

El tiempo extra arrancó con miedo a perder más que ambición por ganar. Las piernas pesaban, las ideas escaseaban. Cada equipo parecía más preocupado por no cometer un error que por buscar el golpe definitivo. El partido se adormecía, camino del punto de penalti.

Hasta que apareció Shea Charles.

Minuto 116. El centrocampista norirlandés recibió en la derecha, perfilado para centrar con la zurda. Envió un balón cerrado, muy tenso, al segundo palo. No hizo falta que nadie lo tocara. El esférico fue cerrándose, superó a todos, incluido a Brynn, y se coló en la escuadra lejana. No fue un disparo ortodoxo. Fue mejor: fue definitivo.

St Mary’s explotó. Middlesbrough se quedó helado. A cuatro minutos del final de la prórroga, el destino del play-off se inclinaba del lado de un equipo que lleva meses sin perder… y ahora deberá convivir con la etiqueta del ‘spygate’ en la semana más importante de su temporada.

Irlanda también mira a Wembley

Además de Manning, el irlandés Finn Azaz fue titular en un Southampton que se queda a un solo partido de regresar a la Premier League por la vía rápida. Alan Browne entró para Boro en el minuto 73, mientras que Alex Gilbert se quedó sin minutos en el banquillo.

Southampton ya tiene su cita en Wembley. Middlesbrough, sus quejas y su rabia. La próxima parada no será un juicio por el ‘spygate’, sino un examen futbolístico a vida o muerte frente a Hull. Con un ascenso en juego y una pregunta flotando en el aire: ¿pesará más la racha o la sombra del escándalo cuando el balón eche a rodar bajo el arco?