Tottenham respira tras victoria angustiosa ante Everton
Tottenham se asomó al abismo… y dio un paso atrás justo a tiempo. Un gol de Joao Palhinha al filo del descanso ante Everton selló un 1-0 angustioso en la última jornada y mantuvo al club dos puntos por encima del 18º, West Ham. La permanencia quedó asegurada, el himno de la Premier League seguirá sonando en el norte de Londres y el estadio exhaló un suspiro de alivio más que un grito de euforia.
No hubo fiesta. No con Roberto De Zerbi en el banquillo.
El técnico italiano, recién llegado de su etapa en Brighton, dejó claro que sobrevivir no basta. Ni se le pasó por la cabeza recrearse en el triunfo. En cuanto el árbitro señaló el final, su mente ya estaba en otra parte: demoler y reconstruir.
Permanencia… y sentencia
La victoria ante Everton evitó una de las mayores humillaciones modernas para Tottenham: descender a Championship. El gol de Palhinha, justo antes del descanso, valió tres puntos y un futuro inmediato en la élite. Pero también sirvió como telón de fondo para uno de los discursos más duros que se recuerdan de un entrenador de los Spurs hacia su propia plantilla.
De Zerbi no maquilló nada. Habló de falta de calidad, de un nivel impropio de un club del tamaño de Tottenham, de un vestuario que se ha pasado media temporada mirando hacia abajo en la tabla y no hacia arriba. Sin rodeos, dejó caer que más de la mitad del grupo puede estar ante su último verano en el club.
Según el propio técnico, solo entre 10 y 12 jugadores están, a su juicio, al nivel adecuado para seguir. “Buenos. Como jugadores. Sobre todo como personas”, subrayó. El resto, en la rampa de salida si el plan deportivo se cumple.
Un proyecto a golpe de bisturí
El mensaje es inequívoco: se acabó vivir al límite. De Zerbi quiere un corte profundo, casi quirúrgico, en el vestuario. No se trata solo de retoques, sino de una transformación estructural. Reclama fichajes de “primer nivel”, futbolistas capaces de cambiar el tono competitivo de un equipo que ha sufrido “demasiado” para salvarse.
El propio entrenador reconoció que la temporada le ha pasado factura. Habló de sufrimiento personal, pero también del dolor compartido por afición, directiva y jugadores. Y marcó una línea roja: “Somos Tottenham y no podemos sufrir así hasta el último segundo del último partido para mantenernos”.
Ahí se resume su hoja de ruta. El club no puede volver a encontrarse en una batalla agónica por la supervivencia. No con ese nombre, no con esos recursos, no con ese estadio.
Un verano decisivo en los despachos
De Zerbi se presenta como el rostro de la revolución, pero no quiere ser el único arquitecto. Insiste en que el cambio debe ser colectivo, coordinado con la cúpula del club. Habla de un trabajo conjunto con el director deportivo, el departamento de scouting y la dirección ejecutiva para que el mercado de fichajes no sea otro ejercicio de improvisación, sino el punto de partida de un nuevo ciclo.
Su objetivo ya no es “salvarse”. Ese capítulo, al menos por ahora, está cerrado. El próximo reto es empezar la pretemporada con la plantilla que imagina, la que define sin rodeos como “el equipo de mi sueño”.
La permanencia le da tiempo. El discurso, en cambio, no concede tregua a nadie. En Tottenham, el miedo al descenso se ha ido por ahora. Lo que llega ahora es otra cosa: el verano en el que muchos descubrirán si forman parte del futuro… o del pasado inmediato del club.






