Argentina y su bloque histórico en el Mundial: ¿un riesgo o una fe justificada?
La campeona del mundo aterriza en Kansas City con una sensación extraña: todo suena familiar, pero el reloj empieza a hacer ruido.
Lionel Scaloni se ha presentado en Estados Unidos con un bloque que cualquier argentino podría recitar de memoria. De los 26 convocados, 17 estuvieron en Qatar 2022. De los once que salieron en Lusail para la final ante Francia, solo falta uno: Ángel Di María, héroe eterno, retirado de la selección tras ser elegido Mejor Jugador de la final de la Copa América 2024. El resto sigue ahí, dispuesto a estirar una era gloriosa al límite de lo posible.
Un bloque histórico… y envejecido
La continuidad es casi obsesiva. Dieciséis jugadores de esta lista ya formaban parte del plantel que ganó la Copa América 2021, el primer título de la era Scaloni. Un contraste feroz con otras potencias: solo once futbolistas de la Brasil de hace cinco años están hoy en Norteamérica —tres son arqueros—, mientras que Inglaterra apenas sostiene a nueve de los que llegaron a la final de la Eurocopa en aquel mismo verano.
Argentina eligió otro camino: la hermandad. Medio lustro juntos, concentraciones, finales, vueltas olímpicas. Un grupo que se trata como hermanos, que se mira y se entiende sin hablar. Pero esa misma lealtad abre ahora la gran incógnita: ¿no estará llegando la factura justo en el momento más delicado?
Nueve de los convocados han pasado ya la barrera de los 30. Entre ellos, piezas estructurales como Emiliano Martínez, Rodrigo De Paul y, por supuesto, Lionel Messi, que cumplirá 39 años durante su sexto Mundial, un récord absoluto. Al otro extremo casi no hay relevo: solo tres futbolistas —Giuliano Simeone, Valentín Barco y Nico Paz— tienen menos de 25 años, después de que quedaran fuera perfiles como Franco Mastantuono o Alejandro Garnacho.
La media de edad supera los 29 años. Y no es solo cuestión de calendario: también de kilómetros.
Cansancio acumulado y piernas al límite
Muchos de los hombres fuertes de Scaloni vienen de una secuencia feroz de torneos. Copa América 2024, temporadas interminables en Europa y, para once de ellos, un paso por el último Mundial de Clubes. Para varios, los últimos tres cursos han sido una maratón sin respiro.
Desde el inicio de la temporada 2024-25, Enzo Fernández y Julián Álvarez han disputado 121 partidos cada uno entre clubes y selección. Ciento veintiuno. No extraña que Álvarez haya tenido que ser dosificado en las últimas semanas de la campaña de Atlético de Madrid por un problema de tobillo. Enzo, a sus 25 años, sigue en plenitud física, pero el volumen de minutos invita a pensar que en algún momento el cuerpo pasará factura.
Alexis Mac Allister es el caso más visible. No jugó el Mundial de Clubes, pero aun así suma 119 encuentros entre Liverpool y Argentina en las dos últimas temporadas. Todo indica que será titular en el debut ante Argelia el martes, aunque su nivel en la Premier League durante los últimos nueve meses ha encendido alarmas.
El ex extremo del Liverpool Jermaine Pennant lo dijo sin anestesia en TalkSport tras criticarlo en redes sociales durante la derrota ante Manchester City en febrero. Contó que lo veía como “un espectador”, un jugador que volvía de la lesión de pretemporada siendo “una sombra” de lo que había sido, con la sensación de que “las piernas se le habían ido”. Era una observación cruda, pero reflejaba una percepción que se ha ido extendiendo.
Pese a todo, Scaloni no se mueve un centímetro de su idea: confiar en el núcleo duro que nunca le falló en los grandes torneos. Siete de los titulares de la final de 2022 apuntan a repetir en el Arrowhead Stadium frente a Argelia. Y podrían haber sido diez si Julián Álvarez, Nicolás Tagliafico y Nahuel Molina no hubieran llegado con molestias.
Cristian Romero, Nicolás Otamendi, Enzo Fernández, De Paul, Mac Allister y Messi volverán a ocupar su lugar en el tablero. Arriba, Lautaro Martínez, Bota de Oro de la Copa América 2024, asumirá el rol de nueve ante la ausencia de Álvarez. Es un equipo que sabe ganar. La pregunta es otra: ¿puede seguir haciéndolo sin abrirle la puerta de verdad a la nueva generación?
Barco mira desde atrás, Lisandro se sacrifica
La prudencia de Scaloni se ve con nitidez en el lateral izquierdo. Sin Tagliafico, el movimiento más lógico parecería ser el ingreso de Valentín Barco, una de las notas más refrescantes en los últimos amistosos.
El zurdo de Strasbourg, al que muchos sitúan muy cerca de Chelsea, marcó en dos de los últimos tres partidos de la Albiceleste, aunque actuando algo más adelantado. Su puesto natural es el de lateral izquierdo y, con 21 años, ofrece algo que este equipo empieza a necesitar: piernas, ida y vuelta, desborde, una dosis de electricidad por la banda.
Sin embargo, Scaloni prefiere blindarse. El elegido para custodiar ese sector ante el veterano Riyad Mahrez será Lisandro Martínez. El defensor de Manchester United es más sólido atrás, más fiable en el duelo, pero sus raíces de zaguero central limitan su proyección ofensiva. Es una apuesta clara: seguridad antes que vértigo.
En la otra banda, la solución también es de emergencia. Giuliano Simeone se perfila como lateral derecho titular, un rol inusual para él. Con Molina y Gonzalo Montiel todavía en fase de recuperación, el hijo del “Cholo” ocupará ese carril hasta que alguno de los especialistas esté en condiciones de asumir más de unos minutos desde el banco. Más parche que apuesta, pero necesario.
Nico Paz, el relevo que golpea la puerta
El gran debate sobre el recambio generacional, sin embargo, se centra en un nombre: Nico Paz. El mediocampista de 21 años ha encendido la Serie A con sus actuaciones en Como durante las dos últimas temporadas.
Bajo la tutela de Cesc Fàbregas en el cuerpo técnico, Paz firmó 13 goles y 7 asistencias en el último curso, guiando a un club recién ascendido en 2024 hasta el cuarto puesto y la clasificación a la Champions League. Fue elegido Mejor Centrocampista en los premios de final de temporada del campeonato italiano, y en el ambiente se da por hecho que Real Madrid activará este verano la cláusula de recompra incluida en su contrato.
Su fútbol ofrece justo lo que este mediocampo parece haber perdido: creatividad, valentía para arriesgar el balón, chispa juvenil. Un contraste evidente con la versión más plana de Mac Allister en los últimos meses. Aun así, todo indica que Paz empezará el Mundial desde el banco, condicionado también por una pequeña molestia en la rodilla que viene arrastrando.
Scaloni, eso sí, ya demostró que sabe cambiar el rumbo a tiempo. En Qatar, su decisión de meter al entonces desconocido Enzo Fernández en plena fase de grupos transformó al equipo y al torneo. La lealtad a los suyos es un sello de su gestión, pero si quiere completar un póker de títulos —Copa América 2021, Finalissima, Mundial 2022, Copa América 2024— y añadir un último Mundial a la colección, tendrá que tomar decisiones dolorosas. Y quizá pronto.
Un camino lleno de trampas y un último baile
El cuadro no concede margen para demasiados experimentos. Si Argentina cumple los pronósticos y gana el Grupo J por delante de Argelia, Austria y Jordania, se cruzará en octavos de final con el segundo del Grupo H: podría ser España, aunque hoy parece más probable Uruguay.
Superado ese obstáculo, el horizonte ofrecería un duelo, en teoría manejable, ante el segundo del Grupo D —de momento, Australia— o del Grupo G, donde asoman Bélgica, Egipto o Irán como candidatos a ese puesto. Hasta ahí, un terreno conocido para una selección acostumbrada a convivir con la presión.
El verdadero salto de dificultad llegaría en cuartos de final. Si las cabezas de serie cumplen, Portugal espera en esa instancia, con todo lo que implica: un posible último cara a cara entre Messi y Cristiano Ronaldo en un Mundial. Un choque que congelaría el planeta del fútbol.
Para cuando llegue ese punto, Scaloni deberá tener claro quiénes son sus once de verdad. No los de la memoria emotiva, sino los que mejor sostengan a Messi en su probable despedida mundialista. Tal vez incluyan a uno o dos de esos jóvenes que hoy miran desde atrás. Tal vez no.
Lo que está claro es que Argentina ha elegido caminar este Mundial con su vieja guardia al frente, aun sabiendo que el reloj corre más rápido que nunca. El tiempo dirá si fue un acto de fe justificado o el riesgo definitivo de una generación irrepetible.





