Noruega en el Mundial: más que Haaland y su talento
La imagen es fácil: Erling Haaland, gigante, en el centro del área, esperando el centro perfecto. Pero la Noruega que regresa a un Mundial 28 años después no vive solo de su goleador. Stale Solbakken ha construido un equipo con matices, con talento por fuera, cerebro por dentro y un lateral derecho que juega como si llevara un 10 a la espalda.
Este grupo no va a Estados Unidos, México y Canadá a hacerse fotos con las potencias del llamado “grupo de la muerte” junto a Francia, Senegal e Irak. Va a incomodar. Y tiene argumentos.
Nusa y compañía: electricidad por las bandas
Las alas de Noruega están lejos de ser simples vías de servicio para Haaland. Son un arma por sí mismas.
Por la izquierda, el foco apunta a Antonio Nusa, joya de RB Leipzig. Tiene 21 años y ese tipo de conducción que desarma defensas: cambio de ritmo, cintura suelta, la sensación constante de que puede irse de cualquiera. En la fase de clasificación firmó seis contribuciones de gol en seis partidos, con actuación estelar en el 3-0 a Italia —gol y asistencia— y otro impacto decisivo en el 4-1 de la vuelta. Cada vez que encara, algo pasa.
Detrás de él asoma Andreas Schjelderup, otro talento precoz, 22 años y una segunda vuelta de temporada bajo José Mourinho en Benfica que lo ha puesto en el escaparate grande: 10 goles y asistencias combinados en 14 jornadas de liga. En enero, doblete contra Real Madrid en la Champions League. No tiene el puesto garantizado, pero alrededor de la selección pocos dudan de que está destinado a algo enorme. Hoy es “segunda opción”; mañana puede ser intocable.
La banda derecha rompe el molde. Ahí aparece Alexander Sorloth, delantero centro de 1,96 m, desplazado al costado… sobre el papel. En la práctica, es un falso extremo que se mete por dentro en cuanto Noruega tiene la pelota. En la clasificación sumó ocho contribuciones de gol en ocho partidos. No es un sacrificio decorativo: su presencia altera por completo la manera de atacar.
Oscar Bobb, de Fulham, ofrece una alternativa más clásica y asociativa, aunque su arranque en Craven Cottage ha sido discreto. Y desde Bodo/Glimt irrumpe Jens Petter Hauge, ex de AC Milan, que se ha ganado un sitio pese a no disputar la clasificación gracias a sus actuaciones en Champions League, donde participó en victorias de enorme impacto ante Man City e Inter. No es un invitado de relleno.
Odegaard, el director de orquesta
En el centro, Noruega presenta músculo de Premier League y colmillo de Champions. El eje del plan se llama Martin Odegaard.
Capitán del Arsenal campeón de la Premier League, llega al Mundial con un rol indiscutible: es el organizador, el que marca el tempo, el que decide si Noruega acelera o pausa. Sus actuaciones de club pueden dividir opiniones por cierta irregularidad, pero con la selección su peso es incuestionable. En una fase de clasificación en la que se perdió tres de ocho partidos por lesión, repartió siete asistencias, incluida una exhibición con tres pases de gol ante Israel. Ningún jugador en Europa dio más.
A su alrededor, Solbakken ha construido un centro del campo sólido y complementario. Sander Berge, de Fulham, ofrece altura, despliegue y equilibrio defensivo. A su lado, Fredrik Aursnes, también de Benfica, ejerce como interior puro, un ‘8’ con recorrido y lectura táctica. Ambos están acostumbrados al máximo nivel y eso se nota en la calma con la que manejan los partidos.
El caso de Aursnes tiene un punto de novela. A los 30 años, decidió retirarse de la selección hace dos temporadas para “tener más tiempo y libertad para priorizar otras cosas en mi vida además del fútbol”. En febrero dio marcha atrás. Hoy, tras no haber participado en la clasificación, apunta a titular en el Mundial. Un regreso que habla de la magnitud del momento para el fútbol noruego.
La segunda línea también tiene fondo de armario: Patrick Berg, capitán de Bodo/Glimt, aporta criterio y salida limpia; Kristian Thorstvedt y Morten Thorsby, ambos en Italia, suman intensidad, altura y versatilidad. Son recursos que permiten a Solbakken ajustar el plan sin perder identidad.
Pero todo se ordena alrededor de Odegaard. Él es el nexo con las bandas, el socio natural de Haaland. El encargado de filtrar el pase que nadie ve, de encontrar al delantero del Man City entre centrales o de soltar al extremo en ventaja. En Norteamérica, su clarividencia será tan decisiva como los goles del ‘9’.
Haaland, Sorloth y la artillería pesada
Nadie en Noruega contempla un Mundial sin Haaland. La idea es simple: si está sano, lo jugará todo. Cada minuto. Cada balón dividido en el área.
Aun así, el banquillo no está vacío de pólvora. Si lo impensable ocurriera, Alexander Sorloth está listo para ocupar el centro del ataque. Llega después de una temporada con 20 goles en Atlético de Madrid pese a no ser titular indiscutible. Su registro con la selección es sólido y, sobre todo, su perfil encaja con la manera en que Noruega llena el área: remate, juego de espaldas, presencia constante en la zona de castigo.
Solbakken lo definió recientemente en una entrevista con FIFA: un futbolista físico, leal, capaz de adaptarse a varias posiciones en el frente de ataque, peligroso tanto para marcar como para asistir y dispuesto a sacrificarse por el equipo, incluso en un rol que no es su preferido. Esa mezcla de gol y trabajo le convierte en pieza clave, juegue donde juegue.
La otra carta ofensiva es Jorgen Strand Larsen, de Crystal Palace. A sus 26 años ha llamado la atención en la Premier League desde su llegada en 2024 y aterriza en el Mundial con confianza: firmó un doblete en un amistoso contra Suecia y ya sabe lo que es marcarle a Italia en clasificación. Aunque Haaland esté sobre el césped, se espera que tenga minutos, sobre todo porque Sorloth parte desde la banda derecha. Un suplente de lujo que, en muchos otros equipos, sería titular indiscutible.
El secreto mejor guardado: Julian Ryerson
La estructura ofensiva de Noruega tiene una rareza que la hace distinta. Ese “extremo” gigantesco que se mete por dentro no es un capricho. Es una puerta que se abre para que el verdadero puñal por banda aparezca desde atrás: Julian Ryerson.
El lateral derecho de Borussia Dortmund se ha convertido en la mayor amenaza exterior del equipo. Cuando Noruega tiene la pelota, Sorloth abandona la cal y se sitúa como segundo delantero, liberando el carril para que Ryerson ataque sin freno. Y cuando llega a zona de centro, castiga. Sus 18 asistencias en la Bundesliga 2025-26 son una cifra descomunal para un defensor.
La jugada se repite como un patrón: Ryerson rompe por fuera, levanta la cabeza y encuentra no solo a Haaland, sino también a Sorloth ya invertido en el corazón del área. Dos gigantes como dianas permanentes. Para cualquier defensa, un problema.
A balón parado, el lateral es igual de dañino. Una parte importante de esas 18 asistencias nace en córners y faltas laterales. En un torneo de márgenes tan finos como un Mundial, ese tipo de detalle puede decidir eliminatorias. Noruega lo sabe. Sus rivales, si no han hecho los deberes, lo descubrirán tarde.
Un país en vilo y un papel incómodo en el “grupo de la muerte”
Más allá de la pizarra, hay un componente emocional que atraviesa a esta selección. Noruega llevaba desde 1998 sin ver a su equipo en un Mundial. Solbakken lo vive en primera persona: entonces era jugador; hoy, seleccionador.
“Creo que significa mucho para toda la nación, especialmente para el aficionado común”, explicó en declaraciones a FIFA. Recordó cómo, tras certificar la clasificación, 50.000 personas salieron a recibir al equipo un lunes, con cuatro grados bajo cero. Esa imagen resume la espera, la ansiedad acumulada durante casi tres décadas.
El técnico no vende humo. Rechaza la etiqueta de “tapado” para todo el torneo, pero sí se ve capaz de tumbar a un rival grande en un día inspirado. Sabe que el grupo es durísimo, que la pelea por los dos billetes a octavos será milimétrica, y confía en que la organización y la capacidad de sus jugadores para decidir partidos marquen la diferencia.
Hay una idea que repite: este es el Mundial para que Noruega se exprese. Para mostrar un fútbol distinto al de otras épocas, más ofensivo, apoyado en individualidades de élite que se vacían por el colectivo. No quiere desvelar su “escenario soñado”. Lo guarda para sí.
La pregunta es otra: con Haaland como martillo, Odegaard al mando, Ryerson volando por la derecha y una generación que por fin ha llegado al escaparate que merecía, ¿hasta dónde puede llegar realmente esta Noruega que ya no se conforma con mirar el Mundial por televisión?






