Estados Unidos busca reescribir su historia en el Mundial 2023
INGLEWOOD, California — El Mundial vuelve a casa. Tres décadas después de aquel 1994 que abrió una puerta y dejó más preguntas que respuestas, la Copa del Mundo regresa a suelo estadounidense y lo hace con una selección que ya no se conforma con “competir”. Quiere demostrar que pertenece a la élite.
Este viernes por la noche, en el sur de California, la selección de Estados Unidos inicia su camino en la fase de grupos frente a Paraguay. Es el primer paso de un torneo que la federación lleva casi diez años marcando en rojo: la oportunidad largamente esperada para reescribir una historia de complejos frente a Europa y Sudamérica.
Una deuda con la élite
Estados Unidos ha invertido durante décadas en infraestructuras, academias y una liga profesional estable. Pero el salto definitivo siempre se le ha escapado. El techo moderno sigue siendo aquel inolvidable Mundial 2002, cuando alcanzó los cuartos de final. Desde entonces, el balance en Copas del Mundo es pobre: solo tres victorias en todas las ediciones disputadas.
La comparación con las potencias tradicionales ha sido constante y, muchas veces, cruel. Equipos europeos y sudamericanos, cargados de talento y oficio, han marcado la vara. Estados Unidos la veía, la perseguía, pero no la alcanzaba.
Esta vez el contexto es distinto. El torneo se juega en casa y, por primera vez, la selección llega con una columna vertebral asentada en la élite europea. No es un detalle menor; es un cambio de era.
Una generación hecha en Europa
El núcleo del equipo ya no se forma en ligas menores ni se conforma con roles secundarios. Los nombres clave tienen peso real en clubes de primer nivel.
- Tyler Adams manda en el centro del campo y se ha consolidado en la Premier League.
- En la misma liga, los defensas Chris Richards y Antonee Robinson se han ganado un lugar como habituales en sus equipos.
- Weston McKennie es uno de los favoritos de la afición de Juventus, pieza reconocida en el fútbol italiano.
- Y Christian Pulisic, aquel “niño prodigio” de la selección, llega con 27 años convertido en estrella contrastada de AC Milan.
Adams lo resumió con claridad el jueves: esta Copa del Mundo, dijo, es “la mayor oportunidad para hacer crecer el juego, inspirar a la gente y demostrar que los futbolistas estadounidenses están al nivel del resto del mundo”. No es un lema de marketing; es una declaración de intenciones de un vestuario que sabe que el escenario no se repetirá pronto.
Paraguay, primer examen… y tocado
El estreno no será un paseo. Paraguay, número 40 del ranking FIFA, se presenta como un rival incómodo, áspero, con ese punto de intensidad sudamericana que ya dejó huella en el último enfrentamiento entre ambos.
En noviembre pasado, en un amistoso, Estados Unidos se impuso 2-1, pero el marcador no contó toda la historia. El partido terminó caliente, con un conato de pelea en el tiempo añadido que dejó claro el tipo de batalla que se avecina.
“Sabemos que van a ser súper, súper agresivos, así que tendremos que igualar eso. Lo vimos la última vez que jugamos contra ellos”, advirtió el delantero Tim Weah. El mensaje es nítido: no basta con tener más balón o más talento; habrá que responder al choque, al duelo, a la fricción.
Paraguay, además, llega con una duda mayúscula. Su mayor promesa, el mediocampista Julio Enciso, de 22 años, tuvo que salir en camilla durante la primera parte del último amistoso de preparación. Su presencia ante Estados Unidos está en serio entredicho. Si no juega, la selección guaraní pierde a su futbolista más desequilibrante entre líneas. Si llega, lo hará con el foco sobre su estado físico.
En cualquier caso, el equipo de las barras y las estrellas sabe que el rival no se va a esconder. Y que un mal paso en el debut puede complicar de inmediato el grupo.
Un grupo que no admite distracciones
Tras el duelo de este viernes, el calendario no concede mucho margen para el error. Estados Unidos se medirá a Australia la próxima semana y cerrará la fase de grupos el 25 de junio frente a Turquía.
No hay gigantes históricos, pero tampoco hay rivales sencillos. Es un cuadro diseñado para poner a prueba la madurez de esta generación: selecciones competitivas, ordenadas, capaces de castigar cualquier relajación.
Estados Unidos, anfitrión y bajo la lupa, llega con algo más que ilusión. Llega con la obligación de demostrar que ya no es solo el país que organiza grandes eventos, sino uno que también puede protagonizarlos. La Copa del Mundo vuelve a su casa de 1994. La pregunta es si esta vez la selección está preparada para quedarse en la mesa de los grandes más allá de la fase de grupos.






