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Huelga de trabajadores de hostelería amenaza el Mundial

El Mundial se acerca y la huelga también: trabajadores de la hostelería en ciudades sede avisan de paros

Cuando el balón está a punto de rodar en el mayor torneo de fútbol del planeta, otro tipo de cuenta atrás inquieta a las ciudades sede en Estados Unidos: la de posibles huelgas de miles de trabajadores de hostelería y servicios de alimentación que amenazan con paralizar parte del espectáculo fuera del césped.

El 11 de junio se inaugura el torneo. Un día después, la selección de Estados Unidos debuta ante Paraguay en el SoFi Stadium de Los Ángeles. Y justo ahí, en uno de los escenarios estrella del campeonato, el conflicto ya está encendido.

Los Ángeles: SoFi Stadium sobre un polvorín

Alrededor de 2.000 trabajadores del SoFi Stadium, representados por el sindicato Unite Here Local 11, han votado un 96% a favor de autorizar una huelga. No es un gesto simbólico: cajeros, lavaplatos, cocineros, camareros, personal de concesiones y de atención de comida podrían abandonar sus puestos en cualquier momento.

El mensaje es directo: quieren un nuevo convenio colectivo con subidas salariales y protección frente a actuaciones de Immigration and Customs Enforcement (ICE). Sin eso, están dispuestos a parar.

“Solo intentamos que las cosas sean justas”, resume Eva Miles, camarera de barra en el estadio desde su apertura en 2021. Su argumento golpea en la línea de flotación del negocio: “Sin nosotros, no tienen estadio. ¿Van a cocinar ellos? ¿Van a servir las bebidas? ¿Van a atender a la gente?”.

Miles no vive cerca del SoFi Stadium. No puede permitírselo con su salario actual. Cada día hace dos horas de trayecto para llegar al trabajo; algunos compañeros, cuenta, pasan todavía más tiempo en el transporte. Reclaman salarios por encima de los 30 dólares la hora.

“Que intenten vivir con nuestro sueldo, que intenten criar una familia”, desafía.

Pese a todo, insiste en que le gusta su trabajo, el contacto con los aficionados, el ambiente de los grandes eventos. Pero no entiende la contradicción: los aficionados gastan mucho dinero, el torneo mueve cifras astronómicas, y quienes sostienen el servicio siguen sin poder “tener lo que queremos y que todos seamos felices”.

La tensión no se limita al salario. Unite Here, junto con ACLU of Southern California y LAANE, ha presentado una queja formal ante la agencia de protección de la privacidad de California y el departamento de justicia estatal contra la política de acreditaciones de Fifa, que exige a los trabajadores aportar información sobre su situación migratoria para poder trabajar en el torneo.

Enrique Fernández, vicepresidente general para inmigración, derechos civiles y diversidad en Unite Here, recuerda que una gran parte de los afiliados son inmigrantes que trabajarán en hoteles, estadios y recintos de las ciudades sede. El sindicato agrupa a trabajadores de casi 200 países y se remonta a la histórica huelga de 1912, la Bread and Roses strike de los textiles en Lawrence, Massachusetts, liderada por inmigrantes.

“Viven cada día las consecuencias de políticas y discursos antiinmigrantes y no necesitan el estrés añadido de estar pendientes de agentes de ICE en sus centros de trabajo”, denuncia Fernández.

Desde el SoFi Stadium evitaron pronunciarse y remitieron cualquier comentario a Legends Global, la concesionaria que emplea a los trabajadores. La empresa defendió, por correo, su relación con el sindicato y aseguró que sigue “comprometida con lograr un acuerdo justo mediante una negociación de buena fe” y con ofrecer una “experiencia de hospitalidad sobresaliente” durante los partidos del Mundial en Los Ángeles.

Seattle: huelga a la vista a la sombra de Lumen Field

El ruido de la protesta también se escucha en Seattle. En el Embassy Suite Hilton, a un paso de Lumen Field —donde se disputarán seis encuentros del Mundial—, unos 100 trabajadores afiliados a Unite Here Local 8 han votado un 94% a favor de autorizar la huelga.

Su pliego de demandas combina salario y seguridad vital: subidas salariales, cobertura sanitaria durante todo el año, protección frente a ICE y más personal para aliviar la carga de trabajo.

“Necesitamos que los salarios mejoren”, reclama Hayden Eyerly, recepcionista del hotel.

Explica que la empresa solo ha puesto sobre la mesa incrementos de unos 0,80 dólares por hora al año durante la vigencia del convenio. “Nadie aquí piensa que eso sea razonable, con el coste de la vida disparado, especialmente la gasolina”.

El problema no acaba en la nómina. Eyerly denuncia que algunos compañeros pierden el seguro médico en temporada baja por falta de horas trabajadas. Y que la plantilla nunca ha vuelto a los niveles anteriores a la pandemia: “Todo el mundo está muy cansado. Cada departamento funciona con un equipo mínimo”.

Muchos de sus colegas son inmigrantes. Según cuenta, sus abogados les han recomendado no hablar con los medios por miedo a represalias que puedan afectar a su situación migratoria. El cansancio, sin embargo, ya no se oculta: “Intentamos lograr cambios reales, un impacto positivo de verdad en nuestras vidas. Todos merecemos trabajar en un solo empleo y llegar a casa con energía para estar con nuestras familias”.

Desde Hilton, la respuesta es calculada. La cadena asegura tener planes de contingencia si finalmente se produce un paro y subraya que sigue “comprometida con negociar de buena fe para alcanzar un acuerdo justo y razonable” que beneficie tanto a sus empleados como al hotel.

Filadelfia: el Mundial como campo de batalla laboral

En la Costa Este, Filadelfia se prepara para recibir el Mundial con otro foco de conflicto. Trabajadores de seis hoteles, agrupados en Unite Here Local 274, amenazan con ir a la huelga durante los partidos en la ciudad. Sus convenios ya han expirado y no hay nuevos acuerdos cerrados. La fecha marcada en rojo: 12 de junio. Si no hay pacto, habrá paro.

Maciah Magloughlin, camarero en el Wyndham Philadelphia Historic District, detalla las exigencias: subidas salariales significativas, un tope de 15 habitaciones por jornada para las camareras de piso, protección frente a ICE para trabajadores inmigrantes y seguros médicos más asequibles para los familiares a cargo.

“Los hoteles tienen dinero para darnos lo que merecemos”, sostiene, citando una previsión de impacto económico de 770 millones de dólares del Mundial para el área de Filadelfia.

El contraste es evidente: “Lo que peleamos es que la gente que sostiene esta industria también se lleve una parte, porque hay trabajadores que luchan por pagar los estudios de sus hijos, tomarse unos días libres o comprar comida. Y eso no es justo, sobre todo con el verano que se nos viene encima”.

El Wyndham Philadelphia Historic District, en un comunicado, asegura respetar el derecho de sus empleados a participar en actividades protegidas legalmente y se muestra confiado en alcanzar un “contrato justo”. Mientras tanto, promete que los huéspedes seguirán disfrutando de su estancia.

El Mundial llega como una promesa de récords de audiencia, estadios llenos y una inyección millonaria para las ciudades sede. Pero la pregunta, en hoteles y estadios de Los Ángeles, Seattle y Filadelfia, es otra: ¿quién va a servir las bebidas, limpiar las habitaciones y sostener la fiesta si quienes lo hacen a diario deciden, justo antes del saque inicial, que ya es hora de parar?