Inglaterra brilla en la segunda parte contra Croacia
Inglaterra se marchó de Arlington con un 4-2 rotundo ante Croacia, un aviso serio al resto del torneo, pero el foco tras el pitido final no estuvo solo en los goles. Todas las miradas se clavaron en Declan Rice cuando pidió el cambio en el minuto 72, cojeando y llevándose la mano a la zona lumbar y al isquiotibial.
Tuchel frena a tiempo
El seleccionador no dudó. Cambio inmediato.
En rueda de prensa, el técnico alemán detalló la secuencia: detectó pérdidas de balón poco habituales en Rice, un lenguaje corporal extraño, una mueca. Le preguntó directamente y el centrocampista señaló la parte baja de la espalda y la zona alta del isquio. Molestias claras.
Tuchel lo interpretó como una señal de alarma y decidió cortar por lo sano. Nada de heroísmos en el primer partido del torneo. Si él, que casi nunca quiere quitar a Rice, lo sacaba del campo, era para protegerle.
El relevo sorprendió por el nombre: Reece James saltó al césped para ocupar el centro del campo. Y respondió. El técnico destacó su actuación, calificando su partido en la medular de “fantástico”, una adaptación brillante en un contexto de máxima exigencia.
El mensaje del banquillo fue nítido: mejor perder a Rice 20 minutos que varias semanas.
Rice resta dramatismo: “Todo bien, solo precaución”
La inquietud no nace de la nada. El final de temporada con Arsenal dejó huella. El centrocampista arrastraba molestias y necesitó inyecciones en las últimas semanas del curso mientras el equipo perseguía Premier League y Champions League. El cuerpo ya venía avisando.
Esta vez, sin embargo, el propio Rice rebajó el tono. Tras el partido, apareció sonriente en zona mixta y cumplió con sus obligaciones con los medios. Ante las cámaras de ITV fue tajante: se siente “todo bien”, “bien como el oro”, y explicó que solo lidia con las mismas pequeñas molestias que arrastra desde la segunda mitad del curso.
Dolores aquí y allá, nada más, según su versión. Subrayó que el cambio fue “por precaución” y lanzó un mensaje que tranquiliza a Inglaterra: espera estar en el césped en el próximo duelo, frente a Ghana.
Entre la prudencia de Tuchel y la seguridad del propio jugador, el parte oficioso es claro: hay que cuidarle, pero no hay pánico.
El discurso del descanso que soltó a Inglaterra
Mientras la salud de Rice acaparaba titulares, el partido se decidió en otro punto: el vestuario, al descanso.
La primera parte fue un intercambio de golpes, un 45 minutos frenético que dejó el marcador igualado y demasiadas dudas en el conjunto inglés por la forma en que encajó los goles. Tenencia de balón, sí. Control real, no tanto.
Ahí apareció la voz del capitán. Harry Kane desveló el mensaje del seleccionador en el entretiempo. Nada de discursos complicados: les pidió que se quitaran las cadenas, que se calmaran y salieran a jugar. Que se soltaran. Que se preguntaran qué es lo peor que puede pasar y, a partir de ahí, enseñaran al mundo quiénes son.
El efecto fue inmediato.
Inglaterra salió “a gas completo”, como describió el propio Kane, y Croacia no encontró respuesta. El ritmo cambió, la intensidad en la presión se disparó y el partido se inclinó de forma definitiva.
Una vez por delante en el marcador, la selección inglesa manejó los tiempos. Redujo riesgos, eligió mejor cuándo acelerar y castigó al contragolpe. Hubo un tramo en el que pudo caer una goleada aún mayor: el capitán habló de una fase en la que tuvieron opciones claras para marcar “tres o cuatro” más.
Bellingham, Rashford y un mensaje al grupo
Con el centro del campo más junto, la defensa adelantada y los atacantes con metros para correr, el escenario se volvió ideal para los hombres de talento. Jude Bellingham y Marcus Rashford terminaron por plasmar en el marcador la superioridad de la segunda parte, firmando los tantos que cerraron el 4-2 y aseguraron los tres puntos.
El triunfo coloca a Inglaterra en la pole de ese Grupo L. Más que por la diferencia de goles, por la sensación de autoridad mostrada tras el descanso, cuando el equipo encontró ese “punch” del que habló Rice: un paso más en cada carrera, una presión más agresiva, más fuerza en los duelos y más claridad al atacar.
El propio centrocampista reconoció que el primer tiempo “se sintió peor de lo que fue” por la forma en que encajaron los goles. Pero puso el acento en la reacción: desde el primer minuto de la reanudación, una marcha más. Más piernas, más fe, más ocasiones. Y un portero rival que tuvo que firmar varias paradas de muchísimo nivel para evitar una derrota aún más abultada.
Arlington vio una Inglaterra de dos caras. Una vulnerable y algo tensa en la primera parte; otra desatada, dominante y casi arrolladora en la segunda.
Si Rice cumple su promesa y está listo para Ghana, la selección no solo mantendrá a su faro en la medular, sino que llegará con algo aún más valioso: la convicción de que, cuando se quita las ataduras, puede marcar el ritmo del torneo.






