José Mourinho y su legado en Roma
José Mourinho no olvida. Ni perdona.
A punto de iniciar su segunda etapa en el banquillo del Real Madrid, el técnico portugués sigue arrastrando una espina muy concreta de sus años en Roma. Entre todos los partidos de una carrera de 26 años, con títulos en Portugal, Inglaterra, Italia y España, hay uno que querría volver a jugar. Y lo tiene clarísimo.
“Roma - Sevilla, final de Europa League. ¡Sin Anthony Taylor!”, confesó en el podcast Beast Mode On de Adebayo Akinfenwa. Directo. Sin rodeos. La herida de Budapest sigue abierta.
La cicatriz de Budapest
Con la Roma llevó al club a dos finales europeas consecutivas, algo que devolvió al gigante giallorosso a la primera línea continental. Primero, la gloria: la conquista de la Conference League 2022 ante Feyenoord, el título que rompió una sequía de 11 años sin un gran trofeo en la capital italiana. Aquel éxito convirtió a Mourinho en el primer entrenador en completar el triplete UEFA: Champions League, UEFA Cup/Europa League y Conference League.
Roma enloqueció. Y él también.
“Cuando ganamos la Conference League en Roma, esa ciudad se volvió loca”, recordó. “Creo que hicimos por esa ciudad algo que los campeones de Champions League no pueden hacer en otras. Roma es una ciudad donde la gente está realmente, realmente, realmente enamorada de ese club. Un club gigante con una pasión increíble. Absolutamente increíble”.
No era solo un título menor para engordar el palmarés. Era identidad, pertenencia, una ciudad entera abrazando un trofeo que Europa aún miraba con cierta condescendencia.
“Por supuesto, cuando ganamos la Conference League era la primera temporada de la competición, no creo que Europa estuviera dando a la Conference League el reconocimiento que le da ahora. Cuando llegamos a Roma y fuimos al desfile alrededor del Coliseo, del Circo Máximo, te das cuenta de lo que diste a esa gente”, describió Mourinho. Esas imágenes, con la ciudad teñida de giallorosso, se le quedaron grabadas.
Y quizá por eso dolió tanto lo que vino después.
La final de Europa League ante el Sevilla, perdida en los penaltis, fue su primera derrota en una final europea. Un golpe deportivo… y emocional. El encuentro terminó incendiado, con Mourinho desatado contra el equipo arbitral de la Premier League encabezado por Anthony Taylor. El tiempo ha pasado, las carreras han seguido su curso, pero el técnico no ha rebajado un milímetro su sensación de injusticia. Si pudiera rebobinar un solo partido de su carrera, sería ese. Y sin el mismo árbitro.
De Roma al Bernabéu, otra vez
Mientras Roma sigue viviendo de aquel recuerdo en la Conference League, Mourinho vuelve a mirar hacia Chamartín. Ha firmado tres años con el Real Madrid y se reencontrará con un vestuario que considera único. Para él, el mejor.
Se prepara para dirigir a una constelación que mezcla jerarquía y presente: Jude Bellingham, Kylian Mbappé, Vinícius Júnior. Nombres que encajan con el tipo de vestuario que siempre ha elogiado en el club blanco, al que ya llevó al título de Liga y a la Copa del Rey entre 2010 y 2013.
Aquella primera etapa dejó cicatrices, batallas y también un Madrid feroz, competitivo, diseñado para pelear contra el mejor Barcelona de la historia. Ahora regresa a un contexto distinto, con un equipo campeón de casi todo, pero con el mismo objetivo que le persigue desde que empezó en los banquillos: ganar.
“Espero devolver al Madrid a la senda de los trofeos”, es la idea que le acompaña. Ya lo hizo una vez. Y sabe que, en este club, cualquier cosa que no sea levantar copas se interpreta como un fracaso.
El orgullo de Roma en una carrera gigante
Mourinho ha levantado Champions, ligas, copas nacionales. Ha construido equipos que marcaron época en Porto, Chelsea, Inter y Real Madrid. Sin embargo, cuando le piden que señale el logro que más orgullo le provoca, vuelve a aparecer Roma. Vuelve a aparecer la Conference League.
“I did a few!”, bromeó antes de matizar que aquella conquista en la capital italiana tiene un lugar especial en su memoria. No por el brillo del trofeo, sino por el impacto en la gente. Por esa sensación de haber desatado algo que llevaba demasiado tiempo contenido.
En una carrera en la que casi todo lo ha vivido, el portugués se queda con la locura de una ciudad que se rindió a su equipo por un título que el resto de Europa aún no terminaba de valorar. Y con una final perdida que todavía le quema por dentro.
Ahora regresa al Santiago Bernabéu con más experiencia, más cicatrices y la misma ambición. Roma ya forma parte de su leyenda. Madrid, otra vez, le espera para escribir el siguiente capítulo. La pregunta es sencilla y brutal: ¿hasta dónde puede llegar esta versión de Mourinho con el mejor vestuario del mundo a sus órdenes?





