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Mauricio Pochettino defiende liderazgo del grupo tras derrota ante Turkiye

Mauricio Pochettino salió del 3-2 ante Turkiye con algo más que rabia por el resultado. Salió molesto con el relato. Con las preguntas. Con el tono. El seleccionador de la United States Men’s National Team no soportó que, en la sala de prensa, nadie se acordara de lo esencial: su equipo había terminado como líder de grupo.

“El ambiente es como si nosotros nos fuéramos a casa esta noche y Turkey se quedara”, lanzó, visiblemente irritado. “Necesito recordarles a ustedes y a todos que ganamos el grupo. Lo siento, chicos, ganamos”.

Mientras los periodistas insistían en el tema de la “pérdida de impulso” de cara a los cruces del World Cup, Pochettino se plantó. El exentrenador de Chelsea y Spurs no estaba dispuesto a convertir una derrota con equipo alternativo en una crisis de identidad.

Rotación masiva y un mensaje claro

Pochettino había dicho antes del encuentro que animaría a los suyos a ir a por otra victoria. Sobre el césped, su plan fue otro: once lleno de suplentes, nueve cambios respecto al once que había derrotado a Australia. Una alineación que hablaba de gestión de esfuerzos, no de urgencia por hacer historia estadística.

Si la USMNT hubiera conseguido su tercer triunfo consecutivo, habría firmado algo inédito: ganar los tres partidos de la fase de grupos en un World Cup. Un hito para los libros… pero no, según Pochettino, para la historia.

“Hacer historia es ganar el World Cup”, sentenció. “No es ganar solo tres partidos dentro del World Cup. No lo entiendo mucho. Es un poco mezquino, si quieren: están pensando demasiado en pequeño. Me dicen que podríamos hacer historia… ¿qué significa ganar tres partidos si pierdes el siguiente?”.

El argentino apuntó a otro ejemplo del día para reforzar su discurso. Alemania, recordó, había alineado a muchos de sus titulares unas horas antes y aun así cayó ante una Ecuador desesperada. Para Pochettino, la lección es simple: la gestión de una fase de grupos no se mide solo en el marcador del último partido.

La buena noticia para Estados Unidos llegó con nombre propio: Christian Pulisic. La estrella de AC Milan volvió a tener minutos después de perderse el duelo ante Australia por una lesión en la pantorrilla, que ya le había obligado a salir al descanso en la victoria frente a Paraguay. Para el cuerpo técnico, más importante que el 3-2 fue ver de nuevo al capitán en acción.

Graham Arnold, goleado y en el aire con Iraq

En Toronto, otro entrenador con pasado en el fútbol australiano afrontaba un día mucho más oscuro. Graham Arnold vio cómo el World Cup de Iraq se desmoronaba con un 5-0 demoledor ante Senegal. Y, con él, su futuro al mando de la selección quedó en entredicho.

El partido se torció pronto. En el minuto 13, Rebin Sulaka vio la tarjeta roja en una acción que Arnold no dudó en calificar de “estúpida”. Para entonces, Senegal ya mandaba 1-0, pero la expulsión terminó de romper a un equipo que nunca se recompuso.

“El temprano red card fue mentalmente muy duro para los jugadores. Contra un equipo como Senegal, los errores siempre se pagan”, admitió. El técnico australiano fue aún más duro con el análisis global del torneo: de los 11 goles encajados en el World Cup, nueve llegaron por errores individuales de sus jugadores.

“Se lo dije a los jugadores después del partido: concedimos 11 goles en este World Cup y nueve vinieron de nuestros propios errores individuales. Tenemos que aprender de eso”, subrayó. En la segunda parte, Iraq se quedó sin energía. Arnold movió el banquillo, dio minutos a más futbolistas para que sintieran lo que significa representar al país en un World Cup, y asumió el coste: “Tomo plena responsabilidad por eso”.

El contexto tampoco ayudaba. El Group I, con Francia y Norway como gigantes del bombo, ya se anunciaba como un examen brutal para una Iraq que había sido la última en sellar el billete al torneo, tras un repechaje intercontinental que puso fin a 40 años de ausencia mundialista.

“Todos en Iraq deberían estar orgullosos de que hayamos llegado aquí y de que hayamos rendido muy bien en dos de los tres partidos”, defendió Arnold. Orgullo, sí. Pero también incertidumbre.

En la víspera del duelo ante Senegal, el entrenador había revelado que su contrato expiraba al final del torneo. Su continuidad es una incógnita, justo cuando asoma en el horizonte un posible reencuentro con los Socceroos en la fase de grupos de la próxima Asian Cup en Saudi Arabia. “Solo les he pedido que lo dejen hasta después del World Cup, entonces podremos hablar”, explicó. El reloj, ahora, corre fuera del campo.

Panama, eliminada pero encendida

Mientras tanto, en el campamento de Panama, la eliminación no ha apagado los ánimos. Al contrario. Un encontronazo en el entrenamiento del viernes entre Cecilio Waterman y Jose Luis Rodriguez encendió las alarmas… y a la vez arrancó una sonrisa a su seleccionador, Thomas Christiansen.

Lo que para muchos sería un problema, para el técnico danés-español fue una señal de vida. “Lo que pasó hoy en el entrenamiento es una situación normal”, restó importancia. “Me habría gustado ver estas situaciones más a menudo, eso significa que el equipo está vivo. Quieren hacer un buen esfuerzo… estar en el primer XI para el partido”.

Panama llega al duelo ante England en New Jersey con una mochila pesada: ya eliminada tras dos derrotas por 1-0 ante Ghana y Croatia en el Group L, y con el recuerdo todavía fresco del 6-1 encajado ante los ingleses en 2018. Nunca ha sumado un solo punto en un World Cup; cinco partidos, cinco derrotas.

“Ahora tenemos el último partido contra England, una buena forma de terminar un World Cup si las cosas salen como queremos”, apuntó Christiansen, al frente de la selección desde 2020 y también con el futuro en el aire tras el torneo. “Creo que hemos cambiado cosas respecto a la última vez que se enfrentaron a Panama hace ocho años, pero tenemos que demostrarlo mañana. Será duro, pero pienso que el equipo será capaz de competir y hacer un buen partido”.

No hay consuelo en las estadísticas. El único alivio posible para Panama pasa por dar un golpe de carácter ante un gigante europeo y marcharse, por fin, con algo más que experiencia.

Francia golea sin Didier Deschamps… y sin brazalete negro

En otro rincón del torneo, France vivió una noche extraña. Ganó 4-1 a Norway, firmó una actuación sólida, pero lo hizo sin su figura central en el banquillo. Didier Deschamps viajó a casa para asistir al funeral de su madre y se perdió el encuentro.

El vestuario quiso acompañarlo a su manera. Los jugadores franceses planearon saltar al campo con brazaletes negros en señal de duelo. La idea no pasó el filtro. La Fédération Française de Football confirmó a The Athletic que la petición fue rechazada por la FIFA.

La confusión no terminó ahí. Antes del partido, se informó de que habría un minuto de silencio en memoria de la madre de Deschamps. Más tarde, la FFF aclaró que el homenaje se dedicaba, en realidad, a las víctimas del terremoto en Venezuela. Un matiz que dejó en el aire la sensación de desorden en la comunicación institucional.

Mientras se espera una respuesta oficial de la FIFA, France sigue adelante en el torneo con un mensaje interno muy claro: el resultado está, el entrenador no, y el grupo se aferra a cualquier gesto para cerrar filas en torno a Deschamps.

En un World Cup que ya ha dejado líderes enfadados, técnicos en la cuerda floja, equipos eliminados que se niegan a bajar la intensidad y selecciones ganadoras en medio del duelo, la pregunta es evidente: ¿quién llegará con la cabeza más fría y el pulso más firme cuando empiecen, de verdad, los partidos que no perdonan?