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Messi brilla en el Mundial mientras su padre lucha en silencio

Lionel Messi vive uno de los torneos más intensos de su carrera. No solo por lo que pasa dentro de la cancha. También por lo que ocurre lejos de ella.

Mientras Argentina se instala en el Mundial tras el 3-0 ante Argelia en su debut, la familia Messi atraviesa días duros. Jorge Messi, padre y figura clave en la vida y carrera del capitán albiceleste, recibe tratamiento médico por una enfermedad que no ha sido revelada. Tiene 68 años y se encuentra bajo observación, según un comunicado familiar difundido por su oficina de prensa.

“Jorge está atravesando una situación de salud”, explicó la familia. “Se encuentra actualmente bajo observación médica, recuperándose y evolucionando favorablemente dentro de su condición actual”.

No hubo más detalles. Sí un pedido claro: respeto.

En Argentina, el jueves corrieron rumores sobre la muerte de Jorge Messi. La familia reaccionó con firmeza. “En momentos como estos, pedimos responsabilidad, prudencia y humanidad. La salud de una persona y la tranquilidad de sus seres queridos no deben ser objeto de especulación ni de interés mediático irresponsable”, añadieron. Cualquier novedad, remarcaron, saldrá solo de ellos.

La dimensión humana de la historia se filtró en el césped. Tras el 3-0 a Argelia, Messi, de 38 años, habló de “días difíciles” que no tenían que ver con el fútbol. Lloró después de su primer gol, el que abrió la goleada y lo colocó a la altura de Miroslav Klose como máximo anotador en la historia de los Mundiales, con 16 tantos.

“¿Mis lágrimas después del primer gol? He tenido días duros. No estaban relacionados con el fútbol. Y esos sentimientos fueron por eso”, explicó. “Agradezco a mis compañeros, al cuerpo técnico y a la delegación por ayudarme”.

Detrás del mejor futbolista de su generación siempre estuvo Jorge. Fue su agente, su escudo y su negociador. Lo acompañó a Barcelona a comienzos de los 2000 para aquella prueba en La Masia que cambió la historia del club y del fútbol moderno. Cerró sus contratos con el Barça, luego su salida a Paris Saint-Germain y más tarde el salto a Inter Miami. También manejó sus derechos de imagen y un entramado de inversiones en inmuebles, hoteles y restaurantes.

En 2016, padre e hijo fueron condenados en España por evasión fiscal. La pena, inferior a dos años, les evitó la cárcel, pero marcó uno de los capítulos más tensos de su relación con el entorno mediático y judicial.

Hoy el escenario es otro. Messi está concentrado con la selección en la base de Argentina en Kansas City, a la espera del segundo partido del grupo, el lunes ante Austria en Dallas. A miles de kilómetros, la salud de su padre se convierte en una sombra inevitable.

La familia, pese al dolor, no se olvidó de quienes han mostrado cercanía en estos días. Expresaron su “sincero agradecimiento por las muestras de cariño, respeto y preocupación recibidas”. Y cerraron con una última solicitud, tan simple como contundente: “Pedimos que se respete la privacidad y confidencialidad de Jorge y de toda su familia durante este proceso”.

Mientras el mundo mira a Messi por sus goles, en casa solo piden algo básico: que lo miren, por un momento, como hijo.

Roberto ‘Pico’ Lopes: del banco en Dublín al escaparate del Mundial

En otra esquina del Mundial, la historia de Roberto ‘Pico’ Lopes se escribe con un trazo muy distinto, pero igual de humano.

A los 34 años, el defensor de Cabo Verde podría seguir sentado en una oficina de banca hipotecaria en Irlanda. En vez de eso, se prepara para enfrentar a Uruguay en un escenario global tras firmar una actuación enorme en el 0-0 ante España, campeona de Europa, en su estreno mundialista.

Su rendimiento justificó una decisión que cambió su vida en 2017: dejar el banco y apostar todo al fútbol profesional. Hasta entonces combinaba su trabajo como asesor hipotecario con los partidos en Bohemians, en la liga irlandesa. Entonces apareció Shamrock Rovers, el gigante de Dublín, con un contrato profesional. Y Lopes se lanzó.

El Mundial lo ha catapultado a otra dimensión mediática. El defensor, nacido en Irlanda, hijo de padre caboverdiano, Carlos, y madre irlandesa, Judy, ya apareció en televisión en Estados Unidos tras el histórico debut mundialista del pequeño archipiélago volcánico de apenas 525.000 habitantes. Incluso fue invitado al programa mundialista de James Corden en la cadena Fox.

Para llegar ahí, hizo falta algo tan mundano como un mensaje en LinkedIn. En 2018, el entonces seleccionador de Cabo Verde, Rui Águas, le escribió interesándose por él. Lopes no entendió el contenido, lo dejó pasar y recién meses después lo volcó en un traductor online. Nueve meses más tarde, Águas volvió a contactarlo para saber si había pensado en la propuesta.

“Dijo que estaban interesados en incorporar nuevos jugadores a la selección y me preguntó si me interesaría”, contó a AFP en 2024. Aceptó de inmediato y se disculpó por la demora. Quería estar. Y el sueño seguía ahí.

Mirando hacia atrás, admite que al principio pensó que se trataba de una broma. Creció en la era de las llamadas y mensajes falsos y desconfió. Nunca imaginó que una convocatoria internacional llegaría por esa vía.

Desde su debut en 2019, todo se aceleró: dos Copas África de Naciones —incluyendo los cuartos de final en la edición de 2023— y ahora el Mundial, el techo emocional de cualquier futbolista. Su partido ante España fue seguido por varias generaciones de su familia, incluido su abuelo de 98 años en Cabo Verde. En el estadio de Atlanta estuvieron sus padres, sus dos hermanos, su esposa Leah y su pequeño hijo Diego.

El propio Lopes bromeó con que el niño durmió casi todo el encuentro. “Demuestra lo aburrida que fue España”, soltó entre risas.

Mientras el defensa, cinco veces campeón de liga irlandesa con Shamrock Rovers, vive aislado en la concentración, su familia se ha convertido en rostro reconocible entre los aficionados caboverdianos. “Nos han visto por televisión, se nos acercan en la calle y nos dicen: ‘Los reconocemos, desde Crumlin’, ¿te lo puedes creer?”, relató Judy a la cadena irlandesa RTE.

Lopes no se arrepiente de haber ido a la universidad en Dublín. Si un día el fútbol se detiene, tendrá otra puerta abierta. Y, como él mismo señaló, sin estudios quizá nunca habría sabido qué era LinkedIn. Su historia, curiosamente, depende de un clic.

Antes de ser profesional, ya se veía ahí. En 2013, mientras veía a Cabo Verde en su primera Copa África, se preguntaba si algún día podría ser él. “Soy un soñador”, confesó. Trece años después, vive ese sueño en el mayor escenario del llamado “Beautiful Game”.

Canadá firma su primera victoria mundialista… con una fractura como cicatriz

En Vancouver, la fiesta fue total. O casi.

Canadá no solo ganó su primer partido en la historia de los Mundiales. Lo hizo con una goleada demoledora: 6-0 a Qatar, que terminó con nueve jugadores, y con Jonathan David firmando un triplete para meterse en el mismo club estadístico que Lionel Messi en este torneo: tres goles en un mismo encuentro.

El equipo norteamericano dejó prácticamente sellado su pase a octavos y triplicó de golpe su registro histórico de goles en Mundiales. Antes de esta noche, solo contaba con tres: el de Cyle Larin en el empate inicial ante Bosnia-Herzegovina, el tanto de Alphonso Davies cuatro años atrás en la derrota frente a Croacia y un autogol de Marruecos en aquella misma edición. En 1986 se había ido sin marcar en tres partidos.

BC Place explotó. Los 52.497 aficionados celebraron cada gol como un hito fundacional. “Estamos empapándonos de historia aquí mismo”, dijo el aficionado Matthias Kempe. En la grada también estaba el primer ministro Mark Carney, acompañado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

David lo resumió con sencillez: tras cada tanto, el ruido subía un nivel. Ese rugido empujó al equipo a buscar el siguiente y el siguiente.

El técnico Jesse Marsch, eufórico, abandonó el campo levantando seis dedos. “Nadie olvidará esto, ningún canadiense olvidará este día. Es un momento increíblemente fundacional para que todos entiendan que hay talento en este país, que hay mentalidad, deseo, muchas cosas que hacen especial a este país”, afirmó.

Sin embargo, la noche perfecta se quebró en una jugada. Ismaël Koné cayó al césped tras una dura entrada de Assim Madibo. Su pierna izquierda quedó en un ángulo escalofriante. Los compañeros lo rodearon de inmediato, algunos con gestos de angustia. Madibo, desolado, fue expulsado poco después. Minutos antes, Homan Ahmed ya había visto la roja por una dura acción sobre Tajon Buchanan. Qatar se quedó con nueve.

Koné fue trasladado al hospital. Marsch confirmó la fractura de la pierna izquierda y explicó que el centrocampista se preparaba para ser operado, acompañado por su familia. El vestuario, reconoció, estaba tocado pese a la goleada.

En lo futbolístico, Canadá fue un vendaval. Larin abrió el marcador en el minuto 16, cazando un rebote tras un disparo de David que el arquero Mahmoud Abunada apenas pudo despejar. Señaló sus oídos hacia la grada mientras el estadio rugía.

David dobló la ventaja en el 29 con una volea de derecha, su primer gol en jugada en más de un año. Justo cuando Qatar intentaba recomponerse, llegó el punto de quiebre: Ahmed vio la roja en el 33 tras la revisión en el VAR. El árbitro anuló el penal inicial, concedió tiro libre al borde del área y cambió la amarilla por expulsión directa.

En el descuento del primer tiempo, David marcó el 3-0 en un barullo en el área tras un remate al travesaño. Los jugadores qataríes se quedaron inmóviles, manos en la cintura, mientras los canadienses celebraban.

La segunda parte fue un ejercicio de control y castigo. Nathan Saliba, que había entrado por el lesionado Koné, firmó el 4-0 con un tiro libre en el 64. En el 75, Mohamed Manai desvió el balón hacia su propia portería para el quinto. Ya en el añadido, David completó su triplete y se unió a Messi como los únicos futbolistas con tres goles en un partido en este Mundial.

Del lado qatarí, el técnico Julen Lopetegui reconoció la dureza del golpe: “Fue un partido muy difícil por muchas razones. Los jugadores hicieron lo mejor que pudieron. Es muy complicado afrontar un encuentro así con dos jugadores menos y en este ambiente”.

Qatar venía de rescatar un 1-1 agónico ante Suiza, favorita del grupo B, en su debut. Aún persigue su primera victoria mundialista tras perder todos sus partidos como anfitrión hace cuatro años.

Canadá, en cambio, abandona para siempre el papel de invitado exótico. Ya no es solo el país que organiza, o el que llega a aprender. Es el que golea, el que impone respeto, el que celebra… y el que, al volver al hotel, mira el teléfono esperando noticias de un compañero que pagó muy caro esta noche histórica.