Logotipo completo Pelota Firme

Álvaro Fidalgo y su emotivo gol en el Mundial

CIUDAD DE MÉXICO — Álvaro Fidalgo levantó la vista con los ojos inundados, apuntó con los dos dedos al cielo y murmuró: “Te amo mucho, abuelito. Te amo mucho”.

El Estadio explotaba. México acababa de cerrar un 3-0 histórico sobre Czechia en el Mundial y el volante de 29 años ponía la firma en el marcador en los últimos suspiros del partido. La jugada nació por la derecha: Santiago Giménez encaró hacia el área, se abrió paso entre defensas y soltó un disparo potente. Matej Kovář lo tapó como pudo, pero dejó el rebote vivo. Roberto “El Piojo” Alvarado llegó primero, levantó la cabeza y, en lugar de forzar el tiro, eligió la pausa inteligente: pase atrás, justo a la frontal, donde esperaba Fidalgo.

El español naturalizado mexicano no dudó. Enganchó la volea con decisión, cruzada, alta, imposible. El balón voló por encima del lance desesperado de Kovář y se clavó en el ángulo superior izquierdo. Golazo. Gol de Mundial. Gol que cerraba la noche perfecta del Tri y abría otra, íntima, en la memoria del mediocampista.

En medio del rugido del estadio, Fidalgo no pensó en las cámaras ni en las portadas. Pensó en su abuelo.

“Perdí a mi abuelo hace dos meses”, contó después, en español. “Todo el mundo sabe lo que significa mi familia para mí. Lo que son mis abuelos para mí. Me acordé de él en una situación como esta, con un gol en el Mundial para todo el país. Estoy feliz por la victoria, por ayudar al equipo. Fue una noche de ensueño para todos”.

El abuelo que lo vio antes que nadie

Rafael Fidalgo Ciprés lo vio antes que nadie. Veía al niño que nunca soltaba la pelota, al que disparaba al arco una y otra vez, cien, doscientas veces al día, según sus propios cálculos. Exageración de abuelo, quizá. Pero había una certeza detrás de esa hipérbole: ese chico vivía para el balón.

Rafael, exfutbolista de la segunda división española con UP Langreo, Real Oviedo y Caudal Deportivo, decidió que no iba a dejar ese talento a la deriva. Se hizo entrenador, guía y sombra de su nieto.

“Soy como soy, un 90% por mi abuelo, en términos de fútbol”, reconoció Álvaro en su documental con Claro Sports. “Era todo fútbol, fútbol, fútbol. No existía otra cosa. Nada más. Desde pequeño me decía: cuídate, la nutrición, el descanso. Me lo inculcó desde que tenía ocho, siete o seis años”.

En Noreña, un municipio de Asturias, la infancia de Fidalgo se escribió entre canchas modestas y una disciplina feroz. Pasaba los días junto a Rafael en el Condal Club. Cuando terminaban ahí, no se acababa la jornada: bajaban al río para seguir golpeando la pelota, repitiendo controles, disparos, conducciones. Y cuando no tocaba Condal Club ni río, tocaba el patio de la casa, con la pared como compañera de pases y la voz del abuelo como metrónomo.

“Siempre estaba encima de él”, admitía Rafael. “Y él respondía”.

La respuesta perfecta, en la noche perfecta

En la Ciudad de México, en un Mundial y con un país entero conteniendo la respiración, Fidalgo volvió a responder. A su manera. A la manera que le enseñó Rafael: con la pelota botando, con el arco de frente y con la decisión de quien ha repetido ese gesto desde niño hasta el cansancio.

El impacto de ese gol fue doble. En lo emocional, fue un abrazo tardío a un abuelo que ya no está, un homenaje público a una historia privada de sacrificios, viajes a canchas pequeñas y tardes interminables de entrenamiento. En lo deportivo, fue el candado definitivo a una fase de grupos impecable para México.

Con ese 3-0 sobre Czechia, el Tri cerró un registro perfecto de 3-0-0 en la fase de grupos por primera vez en sus 18 participaciones mundialistas. Nueve puntos, portería en cero en un partido clave y la sensación, por fin, de un equipo que no solo compite: domina.

No hay euforia vacía en el discurso de Fidalgo. Hay alegría, sí, pero también una advertencia.

“Sacamos nueve puntos; estamos todos muy contentos, pero ahora viene la parte importante. Ahora viene la ronda de 32. Tenemos que seguir a este nivel, mantenerlo como equipo y de partido a partido”, explicó. “Vamos juntos, cargando los sueños de todos”.

La noche que empezó con un niño de Noreña soñando junto a su abuelo terminó con un mediocampista de México mirando al cielo en un Mundial. El resto del torneo dirá hasta dónde llega ese sueño. Pero el mensaje ya quedó grabado en la red y en la memoria: Rafael Fidalgo Ciprés tenía razón. Su nieto estaba destinado a regatear dos veces y marcar. Y eligió el mejor escenario posible para demostrarlo.

Álvaro Fidalgo y su emotivo gol en el Mundial